23 de Enero. Ese barrio rebelde resguarda la memoria y el cuerpo del Gigante

En las profundidades de aquella parroquia vuelven a los discursos de Chávez cada vez que lo creen necesario

El 23 de Enero tiene muchos accesos para caerle, le puedes entrar por Catia, por El Silencio, por la avenida Sucre y pare de contar… Esta vez nosotros tomamos la ruta del túnel que conecta con El Silencio, y si anduviéramos a pie le hubiésemos entrado por el parque Ezequiel Zamora donde, además de ejercitar las piernas subiendo las escaleras de El Calvario, te deleitas con una amplia vista del oeste de la ciudad.

Pasando el túnel lo primero que se visualiza es esa llamarada que ilumina el Cuartel de la Montaña desde que el Comandante Chávez se sembró, esa luz representa la eterna lealtad que demostró a su pueblo. Fue imposible no sentir la nostalgia que se sumó a un cielo nublado que últimamente se empeña en amenazar con lluvia a los citadinos y en alegrar a los que labran la tierra.

Fue en esa misma parroquia que lo vi en carne y hueso por primera vez, por allá en el año 2000 subía al barrio abrazado de un montón de gente que caminaba a su lado y yo, desde la ventana de la casa donde crecí, le dije adiós con la mano, para mi sorpresa me respondió con un beso y fue cuando sentí que una fuerte energía entró por mis pies y se desplazó hasta mi cabeza, mi piel se erizó por completo, a eso yo hoy lo llamo el despertar de la conciencia. Ese fue el flash que me colocó de este lado de la historia, pero sin desviarme mucho continúo mi relato…

Al seguir por ese mismo camino pasamos Monte Piedad, esa zona popular donde plasmaron sus ojos en uno de los bloques que caracteriza al 23. Y es que se hace evidente que estás en lo profundo de las bases chavistas cuando empiezas a ver cómo la expresión de un pueblo rebelde se manifiesta en las paredes coloridas que hablan sin preguntarles nadita.

Aquí no se habla mal de Chávez

Antes era el Museo Histórico Militar, desde el año 1994 se convirtió en un lugar estratégico donde dijo “Por Ahora”, y desde el 2013 es un espacio sagrado donde reposan los restos del Gigante resguardado por un pueblo que entendió su mensaje con profundidad.

Aromas de flores impregnan nuestra visita, en ese caminar por la comunidad me di cuenta de que el espacio está bien cuidado por las vecinas que además permiten que las paredes de sus viviendas sirvan como exposición muralista en las que los pinceles y latas trazan parte de la historia recorrida y que hacen del lugar un museo ideal para entender el camino andado por la Revolución Bolivariana.

En una de esas de activar mis cinco sentidos, observo un quiosco, ubicado antes de entrar al cuartel, donde visualicé muchas fotos de Chávez, velas y flores, era un altar realizado por la comunidad, donde expresan la lealtad, el amor y la fe que le tienen al accionar de “el hombre que dio la vida por nosotros”.

Al entrar está un pasillo donde ondean las 33 banderas de los países agrupados en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en ese caminar se respira algo de tranquilidad y amabilidad por parte de los milicianos y milicianas que nos reciben para darnos una ruta turística, quien lo imaginaría, haciendo turismo en el barrio que me vio crecer.

Más adelante están los cañones que se activan con una fuerte explosión justo a las 4:25 de la tarde, hora en que partió de este plano, el 5 de marzo de 2013.

Y la Flor de los Cuatro Elementos es la obra donde reposa su sarcófago, diseñada por el arquitecto Fruto Vivas, que representa la tierra, el aire, el agua y el fuego unidos en una hermosa orquídea de granito.

Su discurso de fondo hace vibrar los cuerpos de quienes continuamos esta lucha y al llegar a estar de frente a aquella hermosa estructura se me erizó por completo la piel, así como aquella vez que lo vi por primera vez.

Una mirada en retrospectiva

Al salir de allí todo fue místico, las nubes comenzaban a descargarse lentamente y la llama revolucionaria sigue ardiendo. Pedí a Vladimir Méndez (Fotógrafo) que capturara los murales que estaban a la salida y decidí que el chofer (John Vivas) nos llevara al sector El Mirador, en esa misma parroquia. Recuerdo que en mi época del liceo me jubilaba una que otra vez para admirar al barrio desde las alturas.

Desde ese punto visualizamos Catia, Propatria, La Silsa, Casalta, Alta Vista, Lídice, Manicomio y hasta un pedacito de La Pastora, allí era donde imaginaba que podía volar, y esta última vez que estuve también me di el espacio para hacerlo, pero esta vez fue distinto, otros contextos, otros tiempos y mejor entendimiento del momento histórico que seguimos construyendo. Allí afloraron más ideas y se reforzaron más convicciones, justamente cuando aparecieron los compañeros del colectivo 3 Raíces.

Defensa del territorio

Mientras más se agudiza el asedio contra Venezuela, más el pueblo entiende necesaria la defensa del territorio.

Estando en El Mirador, nos abordaron varios compañeros del colectivo 3 Raíces preguntando para qué iban a ser usadas las fotos que estábamos tomando.

Al principio fue un poco incómodo pero luego fuimos dándonos cuenta de que era necesario estar alerta pues los espacios de esta parroquia han sido utilizados por los medios hegemónicos para seguir dando palo al proceso de construcción comunal que se vive en la Venezuela profunda.

Luego de explicar nuestro motivo de la visita, bajaron la guardia y se armaron de conciencia para socializar sus prácticas de resguardo.

Ellos son también los que entendieron el mensaje de Chávez, son los mismos que en los momentos, cuando la Patria es vulnerada, salen en defensa del territorio, en defensa de los ideales que nos mueven a escribir la historia.

Ciudad CCS / Nied Briceño Perdomo / Fotos Vladimir Méndez

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