Antonio Urdaneta entre los niños

Humberto Márquez

Unas sutiles mariposas azules que vuelan en las frescas montañas, y otras que se detienen en un tiempo atónito, que se hacen espejos, matrimoniadas en genios y figuras, en el valle de Las Damas a lo Alvarito Montero o la bailarina de los pies desnudos de Darío, o ya uno no sabe si es Enrique Lihn o Rubén Darío mismo, cuando “se trata de escribir un poema con los pies”, o ¿será que hay niños pastando flores, –como el caballo de Aquiles–, en la Plaza de los Poetas de Nueva Segovia? ¿Serán Dudameles o Carrillos, esos niños, o un híbrido de ambos, “coronado de abejas en flor, esparciendo su polen sinfónico”?

En la Galería LEA sospechan de un poeta negritamente bello, un Antonio con alma de niño, atrapando violines de marionetas y ramilletes de mandolinas de la plaza de Simbiosis; “y muchos niños/ en el país de la inocencia/ descubren otros mundos/ en los reinos adivinados de la música y la poesía”. Un hermoso ser que sigue “crebando albores” con su Carla, en esa plaza poblada de alas y antenas de hojas aterrorizadas por cerbatanas y saltamontes, y de pronto suena el mambo número 8 con Alma Llanera para venir a salvarlas.

Este poema de Antonio es un remanso poético donde: “Han llegado a la plaza los saltamontes, músicos, poetas, rapsodas del campo”, y hasta nosotros mismos, que no soportamos la tentación de colearnos en esa maravilla. Un astro paradisíaco cantábile a lo Valera Mora donde “Los poetas adivinan las palabras para sus poemas”. O, cómo diría Rodrigo Riera: “No es como quien va, es como quien viene”.

(Hace meses el poeta me pidió unas letras para su bello poema “Gustavo Dudamel entre los niños”, no tuve el valor de decirle que necesitaba de mucha tranquilidad espiritual para hacerlo. De la tranquilidad no estoy muy seguro, pero del encuentro fortuito con el texto, sí, y de ahí salió este parafraseo, el poema irá luego para que no se note mucho que me copié) jajaja.

 


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