Bloqueo

Roberto Malaver

¡Vamos a ver, dijo un ciego! Ahora sí es verdad que nos jodimos todos: nosotros y ellos. Es decir, opositores y chavistas. El 6 de agosto es un día histórico, Harry Truman ordenó lanzar una bomba atómica en Hiroshima, y Donald Trump ordenó un bloqueo total a Venezuela, es decir, el compañero Trump se arrechó con nosotros, y tiene razón, porque le hemos mentido desde el verbo, o sea, desde el principio, es decir, desde el mismo momento en que el interino se autoproclamó y le dijo que el poder estaba a la vuelta de la esquina, y Trump le creyó; después con la ayuda humanitaria también le repitió que el poder estaba ahí mismito porque todo el mundo me apoya, y Trump le creyó, y después le dijo que el 30 de abril el poder estaba listo para la parrilla porque los militares están conmigo, y Trump le creyó, hasta que ahora el hombre se arrechó y se nos vino encima sin carnaval ni comparsa con este vainón que no sabemos cómo carajo vamos a salir de aquí pero sí sabemos quién nos metió en este peo, o sea, el interino sabe que hablamos de él y su banda.

Unos dicen que cuando John Bolton llegó a Lima y vio a todos aquellos cancilleres del grupo de Lima de rodillas, le dio mucha pena, penita, pena, y les dijo: “pónganse de pie, que de rodillas se nota mucho la jaladera”. Y al momento todos se pusieron de pie diciendo: Yes. Es que perdimos la vergüenza desde hace tiempo. Ya nadie recuerda al expresidente-corrupto Pedro Pablo Kuczynski, el que dijo que éramos unos perritos en la alfombra, es verdad, ahora lo somos más que nunca. Porque cuando Bolton dio su discurso y explicó allí cómo le iban a caer encima a Venezuela hasta que Maduro se vaya, los cancilleres aplaudían como verdaderos perritos, o mejor dicho, movían la colita. Y el embajador Carlos –Citgo– Vecchio diciendo que esa gente era las más digna y honesta porque está defendiendo la democracia en Venezuela, y el interino diciendo que ese bloqueo es para proteger a los venezolanos, y no nos jodan, compañeros, si los venezolanos siguen creyendo en nosotros, es que verdaderamente han perdido la cabeza. Y mientras tanto el procurador, José Ignacio –dame lo mío– Hernández, gozando una bola y parte de otra con los dólares que le pagaron por Citgo.

El papá de Margot está arrechísimo. “Yo creo en el diálogo y esos gringos nos quieren joder. Yo protesto ese bloqueo y que me perdone el interino, pero la vaina no es así”. Hablaba solo y daba vueltas como un loco por la sala. Se detenía y miraba el techo. Después seguía caminando y agarraba el afiche de Capriles y lo acomodaba. Hasta que se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que un vecino gritó: “Arrancó el bloqueo total”.

-Me importas tú, y tú, y nadie más que tú – me canta Margot


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