Centauro, el músico, promueve una bodega cultural

Poeta, compositor, cantor, productor, intérprete y promotor cultural: es Centauro Saher, que de sus 40 años le ha dedicado 20 a la música, sobre todo a la “cantoría”, una corriente de militancia política a través del trabajo cultural y artístico.

No se encasilla dentro de ningún género musical por la necesidad imperiosa que tiene siempre de ampliar sus gustos y su trabajo; de hecho, ha trabajado en diferentes géneros como el reggae, el ska, la balada, la bachata, el pop, pero básicamente se mueve dentro de la música popular y la trova.

Ha compuesto sus temas, pero también tres canciones colectivas con la movida de la canción social: una es El tiempo de los libres, que grabó con el Frente de Creadores Militantes; la otra es Nosotros mismos somos, en coautoría con Sandino Primera; y la tercera con Lucía Valentina y el Ensamble B11 hicieron la canción No faltarán en el género de pasaje.

Su primer disco se llamó Invocación (2014) con 10 temas, ocho de su autoría, y el segundo, llamado Por estos lares, está 50% en proceso de producción.

Actualmente no forma parte de ninguna organización político-cultural, pero trabaja junto con el colectivo Por 12 Metros de Cultura desde hace ocho meses, con el que ha sumado sus propuestas con la suya, que es tertulias de calle, además de reactivar La Bodega Cultural que se espera inaugurar a finales de febrero, mientras recuperan el espacio que queda al lado del Gabinete de Cultura de Caracas, en el Bulevar Panteón.

Aquí Centauro nos habla de sus gustos por Caracas y lo que le mueve: la cultura.

— ¿Cuál es tu lugar preferido de Caracas?

— Sin duda, siempre ha sido y será la Plaza Bolívar. Tiene dos momentos fascinantes para mí: en la mañana con el frescor que brinda, es apacible para leer y echarse un café mientras ves el paso apurado de trabajadores y estudiantes ¡a la carrera!, como diría Rubén Blades; y cuando la tarde languidece, pues ves a los caraqueños en tregua con la ciudad y se llena la plaza de gente tertuliando. Creo fielmente en el poder de las plazas públicas. Un dato: en la esquina de Gradillas, en las escaleras pasan vainas buenas.

— Una esquina o avenida

— Tengo en mis afectos el recuerdo del Paseo Anauco de San Benardino. Este comienza en la Plaza Estrella y termina en Bellas Artes, hoy malherido de punta a punta por la desidia y el abandono. Ahí tuve el valor de pedirle el empate a mi primer amor, una novia del liceo que me llenó de poesía las manos, literalmente. Ese paseo era nuestro lugar para hacer una historia de amor que cantaré algún día. Ya llevo una canción de eso.

— Un local nocturno

— Hace rato que colgué los guantes con las vida nocturna de la ciudad y, con ello, también el peregrinar en taguaras de mala muerte y cerveza fría, preferiblemente. Además, que casi todos los espacios que solía frecuentar, muy a mi pesar, hace rato bajaron la santamaría. Hoy día solo resiste uno de ellos: El Torero o “bar de los perolitos”, allá en Catia, a media cuadra de la Plaza Sucre, donde solo se oye música vieja y no se aceptan borrachitos fastidiosos.

— Una película

— En eso del cine soy bastante flexible. Puedo ver clásicos de alto valor cinematográfico, como el premasticado de mucho presupuesto y poco arte. Mi película favorita es El lado oscuro del corazón del director argentino Eliseo Subiela. Me gustan la comedia y el suspenso. Mi director de cine favorito es Leonardo Favio y también me gustan todas sus canciones.

— Una canción

— Es una tarea difícil para un músico ubicar una canción, un artista o género favorito, pues amo muchas canciones y a muchos artistas, propios y foráneos. Haciendo un terrible esfuerzo de discriminación, mi canción favorita es ‘39,de Queen. Soy un “queenero” confeso.

— Un libro

— A quemarropa: El amor en los tiempos del cólera. Yo fui Florentino Ariza a cada línea, aunque sin una Fermina Daza en mi camino… Me dejó un amor en la mirada y aprendí a amar al Gabo y su obra. Tengo dos escritores de cabecera: García Márquez y Benedetti.

— Un poema

— Viajero, del poeta y combatiente venezolano Domingo León. Ese poema me dio un caudal de vivencias y muchas riquezas, entre ellas, la amistad de Domingo.

— ¿Tienes algún ritual antes de tus recitales?

— ¡Mi ritual empieza con gotas de valeriana! (risas). Es joda, lo que pasa es que a pesar de tener 20 años de militancia cultural y trabajo artístico formal, aún no supero los nervios antes de cantar. La vaina se me va pasando cuando paso de tres canciones y la gente aún no me ha pitado (risas).

— Cuéntanos un poco acerca de la Bodega Cultural.

— La Bodega Cultural era una tarea pendiente por continuar que tenían los panas del Colectivo Por 12 Metros de Cultura. De los fundadores queda el viejo Conejo, alias José Félix Meléndez y otros nuevos que de a poco nos sumamos a retomar la idea de generar un espacio de tertulia permanente y de intercambio cultural. Pronto terminaremos la refacción del espacio y abriremos nuevamente con una biblioteca hecha a punta de donaciones, donde prestaremos libros para quien desee pasar un rato leyendo con un cafecito colao que venderemos ahí mismo, por aquello de la autosustentabilidad. Tendremos una discoteca digital, donde los amigos podrán descargar cuanta música gratuita deseen, entre otras acciones solidarias.

— ¿Qué otros proyectos tienes?

— El canto es mi trabajo real, con altas y bajas. Ese es mi espacio vital. Por ahora tengo un segundo disco pendiente que por falta de patrocinio o inversión monetaria desinteresada está suspendido en proyecto. Sigo componiendo y escribiendo versos para mantenerme en comunicación con la gente, cosas que voy publicando en la maraña de redes sociales. He trabajado en un par de singles que tienen previsto salir este año, según y cómo vea la oportunidad, y tengo por ahí aguantado un segundo poemario que ya está listo en espera de publicación. Por lo pronto, el hecho más concreto es La Bodega Cultural, que mientras no esté cantando, ahí estaré prestando libros para quien necesite un poco de vida, música gratis, un café y una conversa.

Rocío Cazal
rociocazal@gmail.com

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