Convivir para vivir | La “tasa rosa”: Usura sin fragancia

Emprendedores de la cosmética y el cuidado personal buscan eliminar los prejuicios que fomentan las grandes industrias con impuestos a productos para damas

Para dejar de llenar aún más los bolsillos de empresarios inescrupulosos, vale la pena reflexionar acerca de la llamada “tasa rosa”, que relega las prioridades en cuanto a cuidado y hábitos personales, cambiándolas por una tasa aplicada a la diferenciación de géneros, aunque hombres y mujeres usemos el mismo producto.

¿Qué es la tasa rosa? ¿Quiénes son los afectados? Esta tasa de peculiar nombre, consiste en un porcentaje que, según estadísticas europeas ronda 7% del precio en los productos de aseo personal, cosmética e incluso medicamentos dedicados al público femenino, que podrían ser exactamente los mismos productos que utiliza un caballero, pero por el hecho de tener el empaque rosa u oler a flores aumenta el costo. Asimismo, esta excedente atiende a un factor común, que explotan las empresas: el interés resaltante de las féminas en el aseo y cuidado personal, debido a que son (somos) el porcentaje mayoritario de alto consumo en cosmética y productos afines.

Para confirmar esto, solo hay que darse un paseo por las tiendas, farmacias o centros comerciales. Muchos de los líderes del mercadeo no dan explicaciones convincentes ni soluciones. Ante este “imperceptible” aumento, algunos países como Argentina, Chile y España han llevado la batuta en solicitar su eliminación.

He de aceptar que esta redactora es fanática de los modismos femeninos y la idea de solo pensar en no usar champú con un potecito rosado (uno, porque ya no los importan como antes; dos, porque son cuatro veces más costosos) me aturde. Pero el cambio en mi elección no sólo ha beneficiado mi economía.

En búsqueda de opciones

En la capital se han desplegado hombres, mujeres y familias emprendedoras, quienes ofrecen un amplio catálogo de productos para aseo personal que no hacen distinción de género, ni en sus precios, ni en sus colores o efectos. Cualquiera puede elegir la fragancia y el color de su preferencia.

Cabe destacar que la producción masiva hecha en laboratorios y fábricas no cuida ciertos detalles. Contrariamente, artesanos que incluso participan en la Feria Conuquera del Parque Sucre Los Caobos, emplean ingredientes naturales, libres de parabenos, de agentes cancerígenos y que no han sido probados en animales y/o personas.

También, el consumidor prefiere los productos manufacturados, la propuesta está en recorrer ciertos puntos de la ciudad, donde los conocidos locales “de los chinos” (quincallerías o perfumerías manejadas por ciudadanos asiáticos), o algunos comercios independientes venden, por ejemplo, afeitadoras de todos los colores al mismo costo, puesto que la bolsita de tres unidades -rosadas, azules, azules oscuro o negras-, cuesta exactamente lo mismo.

De la necesidad a la conciencia

Aunque a veces no seamos conscientes de ello, hombres y mujeres tenemos la necesidad (o preferencia) de usar los mismos productos. Ejemplo de ello son las líneas pare el cuidado de cabello o cremas de afeitar. Hasta en los cortes de cabello se ha implantado esta diferenciación de precios.

Además de conocer, probar e incluso promover la cosmética natural y artesanal, otra propuesta es hacer notar y alzar la voz para dejar en claro que en Venezuela, como en otros países latinoamericanos, se viven los resabios del capitalismo y el patriarcado en lo financiero, (en las redes sociales se presenta bajo el hagstag #TasaRosa) para combatir esta situación, con el apoyo de grandes ideas y campañas de sensibilización: la labor puede comenzar en casa, instruyendo incluso a los más pequeños sobre el cuidado de su dinero y la priorización de sus necesidades.

Ojo con el ambiente

Ketsy Medina Sifontes, activista por los derechos de “los feminismos”, se refiere a la dimensión ecológica del problema. Considera que optar por la concientización sobre el consumo es una acción sana y viable. “Es una vía de escape a las industrias: hacerles saber que estamos preocupados por el medio ambiente y los efectos nocivos que estas causan” señala.

De igual modo, sugiere impulsar una actitud de denuncia ante los daños que ocasionan las grandes industrias cosméticas con esa distinción entre géneros.

¿Se imaginan “dejar frías” 100 mil toneladas de envases de champú para damas, o de desodorantes que no cuestan lo mismo si son para hombres que para mujeres?

Ciudad Ccs/Natasha Martínez

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