Convivir para vivir | Una vida dedicada a los saberes ancestrales y afrodescendientes

La cultura afrodescendiente está presente en nuestro día a día: en la religión, la comida, la cultura, el habla, las tradiciones y en cualquier aspecto de la cotidianidad del venezolano.

Nuestra identidad durante muchos años estuvo dormida gracias a la historia mal contada que desde niños nos hacían estudiar. Hace ya algún tiempo, y con la llegada de la Revolución Bolivariana, esta identidad volvió a la vida, volvió a estar y quedarse entre nosotros con orgullo en las escuelas, en las calles y en todas partes.

Luisa Pérez Madriz “Luisín”, como es llamada cariñosamente por todos quienes la conocen, es originaria de Curiepe, una localidad de Barlovento en el estado Miranda.

De manera muy pausada y alegre nos cuenta para nuestra página que desde pequeña ha estado muy ligada a la enseñanza.

Luisa es la mayor de siete hermanos, a quienes cuidó y educó desde pequeños, también se dedicó a formar a los niños más necesitados de su calle, quienes cariñosamente la llamaban “tía”, de allí le viene eso de ser maestra y haber destinado casi toda su vida a la pedagogía.

Pero también se ha dedicado a que la identidad de los curieperos sea lo primordial, algo que les permita llevar ese gentilicio con orgullo en el alma y en el corazón.

Ella ya está jubilada, ejerció la docencia por más de 50 años, “Los títulos universitarios son lo de menos, soy maestra y con eso es que quiero quedarme”.

Así mismo es cultora popular y fue nombrada patrimonio cultural del estado Miranda, por parte de la Unesco, gracias a su gran aporte a todo lo que tiene que ver con el arraigo de las raíces, así como a la cultura negra ancestral. De igual manera se conoce por formar parte de las fiestas de San Juan en esa localidad.

“Luisín” lidera un centro de formación para jóvenes de Curiepe y de las zonas cercanas, este centro es conocido como la “Muchachera de Curiepe”, una escuela de saberes ancestrales que fue abierta hace 46 años para mostrar y enseñar los valores de vida, primordiales para una buena formación en los seres humanos. Allí se muestra, sobre todo, la solidaridad, la hermandad entre humanos, así como la igualdad de condiciones para todos los que integran este grupo, en el cual esta curiepera ha transmitido estos valores durante más de tres generaciones.

Del mismo modo son inculcadas las raíces afrodescendientes con las que nace cada niño, niña y jóvenes que hacen vida en el centro de formación.

Les enseña a reconocer y a tocar instrumentos musicales autóctonos de la región costera venezolana, así como también a la elaboración de los mismos, pero también todo lo que tiene que ver con las culturas ancestrales de los afrodescendientes venezolanos.

Los niños de la Fundación en actividades pero en el año 1978.

Lo de Curiepe siempre es primero

Según “Luisín” lo primordial es tener siempre presentes las raíces con las que nacemos, de donde se proviene y nunca olvidar eso, decir siempre con orgullo “soy de Curiepe”, como les enseña a todos quienes desde hace más de 43 años han sido parte de este centro de formación, y que tiene su sede en la residencia de la maestra. Pero, como ella misma nos cuenta, muy orgullosa de todo su grupo “la muchachera se encuentra en cualquier parte”.

“Primero tenemos que saber de nuestra espiritualidad para poder enfrentar el mundo, llevar esa identidad muy arraigada a donde sea que estemos. No importa en quienes nos convirtamos, lo de nosotros hay que llevarlo con orgullo”, comenta la maestra.

Actualmente en esta Fundación hacen vida y se atiende a más de 136 niños, niñas y adolescentes de la localidad mirandina, pero también cuentan con integrantes de varias zonas cercanas a Barlovento y parte del estado Miranda.

La identidad cultural de origen africano ha sido un largo proceso que aún hoy en día se mantiene a flote gracias a educadores de la talla de “Luisín”.

SAIRUBY ALAYÓN FLORES / CIUDAD CCS
FOTOS MUCHACHERA DE CURIEPE

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