Cuando las rumbas se mudan al corazón histórico de Caracas

Ese bulevar gris de hace años dejó de serlo con tantas actividades culturales, y la gente dejó de ser de paso para quedarse

Cuando era niña, siempre consideré ese lugar como el preferido de mi madre para comprar telas, buscar mejores precios de cierres y encajes en mercerías o conseguir ofertas en útiles escolares y uniformes. Las caminatas eran cansonas y aburridas, sobre todo porque la aglomeración de gente en un bulevar gris y con el sol implacable nos las hacían fáciles.

Más amigables eran, una que otra vez, las visitas a ese lugar cuando mi padre nos daba gustos a mi hermana y a mí con dulces y helados que vendían en los alrededores, nos regalaba discos de vinil en El Rincón Musical, que quedaba entre las esquinas de Catedral a Madrices, o nos compraba cotufas para darles a las palomas en la Plaza Bolívar. Sin embargo, no era el sitio especial para un niño.

Con los años, esos espacios se convirtieron en los mejores, pero sólo para conseguir zapatos a precios inigualables, comprar piñatas más baratas para los chamos o los juguetes y regalos de Navidad.

Nunca imaginaría que, luego, desde hace por lo menos nueve años, el casco histórico, que antes no era tan amable, se convertiría en el sitio predilecto para pasearlo, disfrutarlo, vivirlo y hasta rumbearlo, pasadas las seis de la tarde.

Cambia, todo cambia

Caminar por el casco central de noche era impensable hace más de 10 años atrás. No era un sitio para la conexión ni el encuentro. No, nunca lo había sido.

Era un sitio de paso.

El ambiente era sórdido, ruin, mezquino, y la gente sólo lo transitaba para ir de un lado a otro, o para una compra específica. No había manera de conectar con el casco histórico para vivirlo, sentirlo y amarlo, sobre todo al final de la tarde-noche.

Para julio de 2011, la noche se activó en el casco central, cuando se cumplió el bicentenario de la declaración de la independencia de Venezuela.

Los restaurantes, fuentes de soda, polleras y todo tipo de local nocturno se activaron en la Ruta Nocturna Bicentenaria con programaciones de encuentros, presentaciones de grupos, música y demás. Era toda una fiesta.

A partir de allí, nació la Ruta Nocturna, al final de cada mes, lo que representaba un aliento para los rumberos que antes buscaban otras alternativas de recreación en otras zonas de Caracas.

Sí, muchos de los que disfrutan de la vida nocturna iban al este de la ciudad para tomarse una birra, escuchar música o bailar, como ocurría en el caso de quien escribe. Después que se activó el casco histórico con estas rutas, los locales ya eran conocidos y más concurridos. Ya la mayoría se acostumbró a ir a esta parte de la ciudad a disfrutar de ella, ya embellecida, amable y divertida.

La Indiecita, ubicada entre las esquinas Principal y Conde; los chinos y el Mesón de Caracas, entre Conde y Carmelitas; así como Venezuela Nutritiva, en la esquina de Catedral; Bistró Libertador, en la esquina de Gradillas; así como el Techo de la Ballena, El Cuchitril y Chocolates con cariño que queda entre Gradillas y San Jacinto, son los lugares habitué de muchos rumberos que gozan del corazón histórico de Caracas.

Sí, se convirtió en el sector preferido de muchos, sobre todo porque también se activaron los teatros del lugar: Principal y Bolívar, con una cartelera de obras bien activa hasta la fecha, tomando en cuenta que allí funciona el Movimiento Nacional de Teatro para Niñas, Niños y Jóvenes César Rengifo.

Más aún, en familia o con amigos cercanos, nos acercamos más al casco cuando se activó, en noviembre pasado, la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven). Siempre este tipo de eventos anima a lectores y rumberos a encontrarse, y el hecho de haberlo hecho en la Plaza Bolívar hizo que muchos amigos, que no se veían desde hace tiempo, se actualizaran de sus vidas.

Con cocuy en mano, ya una bebida cotidiana para algunos rumberos, además de cuatro y otros instrumentos, cantar en la plaza, en medio de la lectura, resultó ser una experiencia para recordar en la Filven, que luego se repitió con la Feria del Libro de Caracas, del 24 al 28 de julio pasado, que se hizo en la plaza El Venezolano y sus inmediaciones.

De hecho, desde ya, muchos estamos a la espera de que vuelva la experiencia de la Filven, del 7 al 17 de noviembre, en los alrededores de la Plaza Bolívar.

Seguramente será, otra vez, de fiesta y reencuentro.

Es por esto que ese bulevar gris de hace años dejó de serlo con tantas actividades importantes, y la gente dejó de ser de paso para quedarse, más aun cuando unos paraguas de colores entre la avenida Universidad y la plaza San Jacinto hicieron que otros se acercaran para curiosear qué es lo que es y hacerse sus respectivas selfies.

Lo cierto es que el casco histórico de Caracas recobró vida, de día y de noche, con tantas ofertas culturales, eventos, locales y cafés. El centro se convirtió en un lugar rico para rumbear. ¡Y que nadie diga lo contrario!

Ciudad CCS / Rocio Cazal / rociocazal@gmail.com

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