Dicen que soy escritor (3)

Humberto Márquez

En eso de vivir la poesía se corre el riesgo que nuestras obras terminen en la papelera de la vida, y pluralizo porque no fui el único, muchos de nosotros fuimos unos vergatarios escribiendo poemas de amor en servilletas. Las que eran casadas, las botaban por la ventana del carro, al salir de La Bajada. Las carajitas los guardaban con cariño hasta que se casaban, era como una dote al revés, botar tantos recuerdos lindos de aquel bar maravilloso. Hasta Dilcia los desbarataba cuando descubrió que eran tan bonitos, que los llegué a reciclar cambiando el nombre, todavía encontré algunos retazos partidos en los papeles de Adícora. Todo iba muy bien, o quizás hasta mal, pero llegó Pedro Chacín con su “Manual del levante” y nos acabó con las servilleticas. Jajaja.

“En antes”, como dicen los panameños, tuvimos nuestro primer mercadeo de amor con aquel letrero de la Escuela de Letras “Se hacen poemas y cartas de amor. Bolívares10. Si no se lo dan, le devolvemos su dinero”, jajaja. Y nunca nadie pidió reembolso jeje. Después nos dio por escribirles vainas en el periódico, recuerdo una bella hembra vestida de rojo en un bar de boleros en el sótano de Chacaíto y no me quedó otra que inventar un diálogo de Benny Moré y Agustín Lara, piropeando desde el cielo aquel mujerón. Esa vez, sí cobramos, y hasta el sol de hoy, porque es la única novia que no me ha botado, ahora mismo está en Tailandia, y a pesar de la distancia seguimos siendo novios.

Por eso, para nosotros, disculpen que me cueste tanto el para mí, la literatura es la historia que pudimos escribir en el alma y en los cuerpos de nuestros amores porque los versos se los llevó el viento o el agua, lo único que quedó lacrado en esos espíritus superiores fue esta cosita tan bonita que sigo sintiendo por ti (ojo, el ti es colectivo jajaja), y que más nunca olvidaré. Jajaja.


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