Doctrina Monroe, el legado falaz

J.J. Álvarez

El legado de la Doctrina Monroe “América para los –norte– americanos”, como lo hemos conocido a través del tiempo, significó escamotear a Europa su carácter colonialista y expansivo aplicado a América Latina, y así sustituirla en lo político y en lo económico.

Ante el congreso de EEUU James Monroe decidió proclamar su doctrina, el 2 de diciembre de 1823, para imponer los planes con las bases de su hegemonía sobre las naciones recién liberadas y así poder subyugarlas.

Un hecho opuesto a la unidad latinoamericana se materializó en el Congreso de Panamá, entre el 22 de junio y 5 de julio de 1826, fue cuando EEUU fijó posición contraria a la agenda de ese cónclave porque debía desprenderse de sus planes de ambición colonial sobre Cuba y Puerto Rico; por cierto EEUU no asistió al mismo, a pesar de haber recibido invitación.

A 193 años del Congreso de Panamá, los pronunciamientos bolivarianos siguen siendo la llama inextinguible en la lucha por la independencia y soberanía de los pueblos de América Latina. Es, la historia que se repite, que no cesa, que se renueva frente a las tantas formas descaradas de intervención norteamericana.

Cuba y Venezuela, constantemente resisten el bloqueo de EEUU e intentan zafarse de ese apretado nudo en que cunden toda clase de ataques contra los intereses de sus pueblos; p.ej., a Cuba se le aplica la Ley Hemls–Burton y a Venezuela se le aplica el Decreto Obama.

Las fuerzas políticas, para enfrentar la Doctrina Monroe, se han visto fortalecidas recientemente en la cumbre ministerial del Mnoal y el XXV Foro de Sao Paulo, que han dado a sus pueblos y al mundo una lección inigualable de valentía política, ética, fe en cada decisión a tomar, con el peso inexorable del Derecho Internacional.

El falaz legado de la Doctrina Monroe está en crisis y esta ha ido creciendo como crece su repudio.
Estas cosas son las que dan vértigo a cualquier portavoz del imperialismo.

 


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