Editorial | Conejos por bayonetas

Mercedes Chacín

Chile, Ecuador, Haití, Bolivia… Empezaron a pasar cosas que hace años, meses, no pasaban en el continente. Y comienzan las preguntas. Y las comparaciones. ¿Si apoyo a este pueblo de aquí cómo apoyo a aquel gobierno de acullá ?

¿Cómo debe reaccionar un venezolano típico de clase media que se fue a Chile (porque Chile sí es un país serio) cuando ve todo ese berenjenal?

Leí varios comentarios sobre el “milagro chileno” saliendo de la humanidad de Teodoro Petkoff. Blandía Teodoro la espada del neoliberalismo que los chilenos conocen muy bien, para emprenderla contra el “modelo chavista”, ese de la izquierda radical, el de la espada de Bolívar, el de AlCArajo y de tantas cosas que se nos volvieron cotidianas en revolución.

¿Y qué decir de México? ¿O de la Honduras de Juan Orlando Hernández? Recientemente escuché decir en reunión de amigos que la vuelta de “Cristina en el poder en Argentina es el mal menor, igual que aquí”. Ergo, Nicolás Maduro y Alberto Fernández son “males menores”. Y más recientemente leí esta opinión: “Entre otras cosas, desvenezolanizar la mirada sobre los procesos nacionales latinoamericanos implica entender que puedes estar en contra del gobierno de Maduro sin convertirte en un cretino reaccionario que insulta a quienes votaron por Alberto Fernández, apoya la represión en Chile, admira a Bolsonaro y defiende a Uribe”. ¿En serio? ¿Se puede?

¿Puede un venezolano migrante clase media estar a favor de Piñera, contra las protestas en Haití y en contra de Alberto Fernández? ¿Puede un venezolano de clase media admirador del “milagro chileno” estar contra Maduro, contra Fernández, a favor de Lenín Moreno, contra Evo y quedar parado ante un análisis más o menos principista de qué es lo que cree que es la vida? O más complejo aún: ¿se puede estar con Piñera, con Bolsonaro, contra Fernández, a favor de Lenín Moreno, contra Maduro y en ese salto mortal decir que “soy sensible a todos los sufrimientos de los pueblos del mundo”?

Pero la cosa se puede poner mucho peor. ¿Puede un venezolano típico de clase media que emigró a Chile estar en contra la lucha del pueblo colombiano, es decir, a favor de Duque y Uribe y al mismo tiempo contra Alberto Fernández, a favor de la lucha del pueblo ecuatoriano, contra Evo (el país menos desigual de la región) y contra Maduro sin que se le agüe el ojo?

No hay mucho para donde agarrar sin desdecirse. Apoyar a Bolsonaro, estar en contra de la Constituyente que pide el pueblo chileno, apoyar el bloqueo gringo contra Venezuela y desmarcarte de la lucha de los haitianos, te coloca al margen de los pueblos que pelean por su liberación, no desvenezonaliza nada. Te hace un tipo de derecha. Es coherencia lo que hace falta. No se puede pretender ser de izquierda con puntos de honor sacados de una manga de las que no salen conejos sino bayonetas. Es así de sencillo. Sigamos.


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