El pirata Morgan

Néstor Rivero

Cita Noam Chomsky en su estupenda obra Piratas y emperadores, que San Agustín habla de un filibustero apresado por Alejandro Magno, y que contesta a este “Yo tengo un pequeño barco, por eso me llaman ladrón. Tú tienes toda una flota, por eso te llaman emperador”.

Las últimas actuaciones de EEUU en su ámbito externo, y que van en sentido abiertamente contrario al Derecho Internacional, hacen recordar el relato, al cruzar con exceso los linderos de la ilegalidad internacional, actos de hamponato global y de crímenes de lesa humanidad en tanto derivan en impedimento para abastecer a la población civil, a países enteros, de medicina y alimentos. Y aquí cabe otro recuerdo, el de Henry Morgan, temible personaje en la historia del Caribe del siglo XVII, cuyas ejecutorias violentas, venganzas, asesinatos y saqueos a puertos como Maracaibo en 1669 y Panamá en 1670, hicieron célebre su remoquete de “Pirata Morgan”. Carlos II rey de Inglaterra, le atrajo a su órbita de subordinación otorgándole condecoraciones y la gobernanza de Jamaica. Sin embargo, el odio, envidia o miedo que concitaba el personaje, impedía que alguien se refiriese a él como “gobernador” o “presidente”, todos le llamaron hasta su muerte “Pirata Morgan”; y él muy bien, por cuanto sabía el influjo de tal denominación.

Así, en el mundo que toca compartir hoy a las naciones emergentes de Latinoamérica, África y Asia, junto a la gran potencia de Norteamérica –la que a través de la OTAN recibe auxilio de las potencias medianas de Europa–, deben aquellas definir instancias para la defensa frente a ese nuevo pirata que parece gobernar sobre una gran flota de asaltantes, y quien se cree inmune debido al aparato de intimidación, propaganda y desprecio al resto de los mortales que ha tenido en sus manos hasta hoy. Morgan se dejaba llamar “pirata” y se alegraba con ello. Alejandro disfrutaba al oírse decir “conquistador”. Entonces no existía atisbo del Derecho Internacional ni principios como el de la Igualdad entre los Estados consagrada en la Carta de la ONU. Sólo una fuerte corriente de opinión pública mundial logrará que Alejandro, Morgan y otros dejen de actuar como “piratas” en contra de países pequeños poseedores de minas y dignidad.


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