La Caraqueñidad | Caracas siempre tuvo sus brujos

La práctica de la hechicería enfrenta al bien con el mal y cada vez hay más creyentes

“Para empezar la consulta, corto la baraja así, por ti, por tu casa, por lo que sea…fuera Satanás”…, cantó Billo Frómeta en la voz del guarachero Cheo García, previo a la elección, donde dos “Luises” (“son feos los dos”), se disputaban la Presidencia de la República.

Un canto en homenaje a la democracia, al humor criollo, a la caraqueñidad, a las creencias y, por supuesto, al depender de personajes de nuestra historia ancestral y contemporánea, de los designios, premoniciones o mágicos decretos de los iluminados… Eso de que los brujos son de Birongo (o de cualquier parte de Barlovia), hace rato que quedó atrás…

Todos creen, ¿o no?

Infinidad de cuentos hay sobre el Oráculo de Amón y Alejandro Magno. Atila no movía un pie si no se lo aprobaba su hechicero. Dicen por ahí que cada presidente de esta República ha tenido, tuvo (y tendrán los que vengan) su brujo o sus brujos y brujas privadas. Y así, el pueblo se justifica, “¿si ellos creen en eso por qué no nosotros?”.

Cómo olvidar al brujo aquel, cuyo nombre nadie sabe, que con su poderoso ensalme al cachimbo de Rómulo Betancourt, pudo salvarle la vida, pero no las manos, ni mucho menos la reputación de mandatario durante el atentado de Los Próceres, el 24 de junio de 1960.

Dicen que hasta CAP y el mismo Hugo Chávez tuvieron su consultor privado.

El hombre de a pie, por lógico temor a la muerte, busca un bastón extrasensorial que le confiera poderes superiores y, sobre todo, de visualización del más allá y del futuro personal y familiar.

Tabacos, inciensos, tarots, caracoles, brebajes, profanación de tumbas, sacrificios de caprinos y de ciertas aves y hasta collares y blancos atuendos, han proliferado en busca de ese refuerzo que ayude a minimizar los pecados terrenales; y sin importar lo grave que hayan sido, ni sus efectos letales hacia sus congéneres, con mucha fe (en una especie de aquelarre privadísimo), le piden al santo o a la entidad correspondiente que les permita hacer y deshacer, pero, por supuesto, sin que nada les ocurra a ellos ni a los suyos.

Es increíble ver a personas con evidentes insuficiencias en el manejo del idioma originario y de un momento a otro, poseídas o bajo los efectos de quién sabe qué, hablan y escriben en africano, en lengua lucumí. Si así fueran para estudiar, tuviésemos políglotas y políglotos para exportación.

Brujería es brujería

La brujería es como la vida misma; el bien y el mal en polos opuestos. Maniqueísmo del más puro.

Alfredo Cortina, autor de Caracas, la ciudad que se nos fue, explica que “la magia blanca es la que proporciona beneficios y permanece del lado del bien. La magia negra (en cambio) o magia del demonio es la que se utiliza para causar daño”. O sea, es un hecho: la brujería existe y para contrarrestarla hay que usar amuletos.

Por eso la pata de conejo en países primermundistas, no solo es sagrada sino además industrializada y convertida más en joya comercial que en protección. En Caracas cobran fuerza la pepa de zamuro (dicen que cura las hemorroides), y la peonía, efectiva contra el mal de ojo, que, al igual que la erisipela y la culebrilla, solo sanan por el poder de un rezandero.

Los brujos

Famosos en Caracas son y fueron muchos. El brujo de Pagüita, al que según dicen acudían en oscuras noches varios presidentes de la República. Está doña Pilar, de La Pastora y La Niña Montes de Oca, de la quinta avenida (estas dos con las paredes de sus casas full de placas de agradecimientos por hechizos concedidos a sus “pacientes”, entre quienes figuran generales, comisarios, médicos, ingenieros y pare usted de contar; todos de reconocida y destacada trayectoria en el quehacer diario). Conocimos a Magally de Catia y Misia Romero de Vista al Mar. Fueron, son y serán muchos. Cada uno con sus fieles seguidores.

Exorcismos, operaciones sin bisturí, despojos, ensalmes y milagros caseros se practican en esos consultorios, o en las excursiones que organizan para varios ríos. Muchos de ustedes han ido…

La influencia de los medios de comunicación, primero la televisión, luego los avisos de prensa y ahora las redes sociales, han “puteado” (literalmente) la sagrada función de estos chamanes que han proliferado a ritmo acelerado.

Percepción superior

Los brujos se abrogan poderes sin límites. Te conectan con un familiar o con un conocido ya fallecido. La gente cree en su vaina, y eso hay que respetarlo.

Por lo general, el chamán citadino capta el temor de la persona que acude en ayuda. Con preguntas clave, hacen que el creyente hable más de la cuenta, lo cual facilita la labor del adivinador: “Tu marido tiene…” y la entrevistada, sin pensar más nada, dice: “Tiene otra. Yo sabía, ese cdsm…” y de allí se agarra el iluminado para inventar historias que atrapan a la incauta esposa. “Te tienen envidia en el trabajo”,..y más.

Así son los diagnósticos en esos consultorios espirituales, de los cuales sale gente corriendo (con un montón de dólares menos, que acaba de dejar en las arcas del iluminado) y con una enorme lista de esencias y productos esotéricos recién recetados para aliviar sus males.
Qué pendejo es el caraqueño en general. Y eso que se la da de avispado.

Ciudad CCS / Luis Martín

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