La Caraqueñidad | Noticias de machacas y chipos

El antídoto consistía en el sexo urgente, pero el Mal de Chagas no tiene cura

“Ahora sí me jodí”, exclamó atemorizado Feliciano, el jardinero del conjunto residencial La Fundación, donde ya había sufrido picaduras de toda clase de bichos y hasta una mordedura de cascabel, de la que se salvó porque el ofidiólogo Alarcón tenía en su casa unas dosis del antídoto adecuado.

Eso fue una soleada mañana de febrero de 1978, días en los que había una bulla mediática con respecto a la reaparición del chipo y sus efectos letales.

“Carlucho, aquí, en este frasco, tengo al bicho que me picó; vamos a llevárselo a tu mamá, que es bióloga, y ella sí sabe decirme qué es esto. Si es un chipo, renuncio, pido mis prestaciones y me voy a disfrutar lo que me queda de vida”, dijo, reiterando el pánico que lo embargaba. Resultó ser un chipo, pero estaba sano. Y la mamá de Carlucho, muerta de la risa, le dijo: “Tranquilo, Feliciano, coge tus realitos y vete a comprar comida y ropa para tus niños. No los gastes todo, porque ahora es que tiene larga vida”…

Cero banalización

Sin intención de banalizar, menos en temas relacionados con la salud pública, nos referiremos a los “kilómetros por columna” que en estos días se han otorgado algunos medios por la reaparición del transmisor del mal de Chagas, un pequeño insecto volador que mucho dolor de cabeza dio a la Venezuela de antes (con ciertos brotes intermitentes), porque su picada (cuando están infectados) significa un altísimo riesgo de contraer la enfermedad que agranda el corazón y puede ocasionar la muerte.

El “kissing bug” (“bicho chupador”) como había llamado Charles Darwin en sus investigaciones sobre el nada estético y temido insecto, sí existe y hay que estar alerta, pero no en estado de pánico.

En los años 70 (en suerte de fakenews) se corrió un rumor que luego fue noticia y ocupó grandes titulares de medios impresos (particularmente en una cadena magnate de la información en el país). Se trató de la machaca.

“Si te pica la machaca vas a morir, a menos que hagas el amor en las próximas 48 horas”. O sea, el antídoto dependería del grado de química o del convincente dinero de quien (en calidad de víctima de tan terrible picadura), buscase su dosis de sexo terapéutico y salvavidas.

Aquella leyenda, de origen colombiano, del siglo antepasado, tuvo una gran pegada en la cotidianidad del caraqueño que empezó a andar con mucho “guillo” y terror ante cuanto bicho volador medio extraño se veía por la calle.

Sufrieron de muy mala fama las pobres chicharras y las libélulas o caballitos del diablo, por su aparente parecido con el monstruo de este cuento, cuyo final, de cualquier manera, dejaría a la víctima (muerta o recuperada) en posición horizontal.

Chipos localizados

En este momento, específicamente en un solo municipio, Baruta, se anuncia la reaparición del chipo y los riesgos que ello implica.

Por supuesto que es muy serio el asunto, debido a que las autoridades locales han dado la cara y, aunque no registran cifras reales ni aseguran sobre la salud de los animalitos, generan una alerta necesaria en la población.

Comprobado está, según sus descubridores y analistas (el higienista brasileño Carlos Chagas, en 1908, y, seguidamente en Venezuela, el sabio Francisco Torrealba), que si el chipo está sano, como sucede con la imnensa mayoría, no hay riesgo de ningún tipo.

Pero, más allá del propio chipo, se descubrieron (no ahora, sino hace mucho tiempo y se confirmó en el municipio Chacao, en 2007 con la afectación de 103 personas en una escuela, que consumieron un jugo de frutas) que la adquisición de la enfermedad puede ser por vía oral al consumir algún tipo de alimentos sin lavar ni desparasitar correctamente, ya que pueden contener restos del insecto o heces del mismo, que es donde vive el trypanosoma cruzi, parásito que genera la mortal dolencia.

Aunque no hay una vacuna para la prevención del mal de Chagas, sí existen tratamientos, cuya efectividad es directamente prorporcional al tiempo de atención médica brindada; por tanto, no se descuide, no consuma alimentos crudos sin lavar y evite sitios de techos de palma seca, hábitat preferido del chipo. Sobre todo, no trate ni se reúna con todo tipo de bichos; hoy sobran…

Los marcianos llegaron ya…

Importante es no generar estados de alarma ni noticias posicionadas gracias a los “likes” que reciben en las inescrupulosas e incontrolables redes sociales, más por esnobismo que por ética informativa y responsabilidad social.

La machaca fue un verdadero ejemplo del manejo irresponsable de quienes mueven los hilos informativos de una comunidad consumirodora de información. Algo así como lo que hizo Orson Wells y su famosa llegada de los marcianos emitida en un programa radial en 1938, La guerra de los mundos. Un pánico colectivo reinó en la “floreciente y muy culta” sociedad estadounidense.

Esa prueba irrefutable del poder de los medios se confirmó en Caracas con el caso de la fulana machaca, cuyo índice de letalidad se atribuye más a la traumática insatisfacción de los deseseperados buscadores de tan sensual remedio, que a posibles bacterias, como sí possen los chipos infectados.

Ciudad CCS / Luis Martín

 


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