La cruel euforia

Santiago Díaz

Es obvio que ganar es muy sabroso. Y si una victoria es grupal, todo el mundo quiere meterse en la foto para que quede claro que algo hicieron para ayudar, incluso cuando en realidad no hicieron nada. Todo eso es normal y no tiene nada de malo, siempre que la alegría no se convierta en euforia, porque esta es como la glucosa: luego de la explosión siempre viene la caída. Para celebrar una victoria como debe ser, es requisito indispensable haber entendido antes de obtenerla que la derrota también era una posibilidad. Por eso es importante tener un equipo, o al menos a una persona, que sepa presentar todos los escenarios posibles; no para que cunda el derrotismo, sino para que todos estén preparados para cualquier cosa.

Antes de la autojuramentación del baboso de turno, la mayoría de los analistas creían que la estrategia de la oposición debía ir de menos a más, construir desde las bases y luego, a partir de ahí, se veía qué se hacía después. Pero pudo más la inyección de glucosa de la autojuramentación que la honestidad intelectual, tal vez porque de esa última nunca tuvieron. Desde ese día, los analistas apagaron el cerebro y empezaron a repetir consignas, porque si cierras los ojos y pujas, la realidad mágicamente se va a convertir en lo que tú deseas. Entre esos articulistas y opinadores rescato a un par con pinzas. Todos los demás constituyen una inmensa chivera del pensamiento.

En este momento de esta historia, como suele pasar todos los años, la caída es vertiginosa. La desconexión entre dirigencia y base es evidente y, por mucho que lo intentan, ya no logran agrupar a más de 200 personas. Si usted se zampa un litro de helado de chocolate a las 7 de la mañana, seguramente va a sentir que vuela durante un par de horas y creerá que ese es el desayuno perfecto. Pero a las 10 estará tirado en un rincón, apenas podrá moverse y de pronto hasta se echa a llorar. Insisto: la euforia política funciona como una sobredosis de glucosa. Y perdonen la perogrullada, pero esa dirigencia, sus asesores y sus analistas deberían terminar de entender que las sobredosis nunca son buenas.

Al oír a sus propios votantes cuestionando si de verdad valió la pena votar en el 2015 por esa Asamblea Nacional, y ver que algunos hasta dicen que hay que activar el mítico 350 contra ella, no puedo evitar preguntarme cómo les habría ido y cómo estarían en este momento si después de enero hubieran seguido con los fulanos cabildos, sin autojuramentaciones, sin golpes frustrados y sin hacerle creer a su gente que Trump es un ente mágico que puede concederles los tres deseos que empezaron a pedir desde aquella fatídica tarde en Chacaíto: el cese de bla, bla bla; gobierno de bla, bla, bla y ¿cómo era que iba el último?

@letradirectasd

 


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