La página de Aquiles | Nostalgias de Caracas

100 Años

Con esta página semanal, en Ciudad CCS seguimos celebrando el centenario del nacimiento de Aquiles Nazoa, caraqueño inmortal que bien merece una fiesta que se extienda hasta la fecha de este cumpleaños fundamental, el 17 de mayo de 2020. Esta vez nos ocupamos de la nostalgia del poeta por la ciudad que iba desapareciendo de sus ojos por el avance de aquello que en los tiempos de la Cuarta República llamaban el “progreso”. Toca el turno a La Plaza de Capuchinos, El Calvario y su querido callejón El Cenizo, que tantas veces recorrió durante su infancia de niño pobre.

Elegía al barrio el cenizo

¡Callejón de El Cenizo!¡Callejón de El Cenizo!Callejón que a los ojos de mi infancia revelaste el hechizo que alojan, sin jactancia,las cosas que no tienen importancia.

Se aproxima tu ocaso,y yo asisto a tu adiós con el esplíncon que tú, paso a paso,seguiste hasta su fin la juventud de Aurora Dubaín.

Mas sabes que, como ella,los que una vez te vieron no te[ olvidan.Tu recuerdo y su huella más bien se consolidan mientras los años más los intimidan.

Con tu ciega de tango,tus perros, tu detal de pan isleño y tus niños sin rango,triunfaste en el empeño de hacer de mí un cantor de lo [ pequeño.De tu quietud avaro,jamás cruzó tus noches sino el [ viento,y con ellas, al claro de una luna de cuento,¡me volviste un romántico irredento!

Y he aquí que de pronto la mano del progreso te hace trizas y caes como un tonto viendo, en tanto que agonizas,que de Cenizo pasas a cenizas.

Y sobre cuanto fueras alzará un puente su potente giba con sus líneas severas y con su comitiva de zoquetes que escupen desde[ arriba…¡Tú debajo de un puente!¡Tú ejerciendo funciones de quebrada y en barranco indecente tu calle transformada!¡Cenizo, ya lo ves, no somos nada!

Adiós a la plaza de Capuchinos

¡De modo que te tumban, Plaza de Capuchinos!
Si el progreso lo pide, ¡qué le vamos a hacer!
Pero aún quedan algunos caraqueños genuinos
a quienes tu derrumbe les tiene que doler.

¿Te acuerdas de los tiempos en que tenías rejas
y una oxidada fuente donde jugaba el sol
y un viento siempre en marzo, sonoro de hojas viejas,
digno de que lo oyera Santiago Rusiñol?

Por un lado tenías a la escuela Zamora
de la que yo era alumno cuando te conocí.
Yo amaba a mi maestra, pero se hizo señora
y entonces dulcemente me enamoré de ti.

Y ya fue para siempre: criado en cerro y en pieza,
me diste el aire limpio con que siempre soñé.
Después pasé a otra escuela, la del viejito Meza,
y de ella muchas veces, por ti, me jubilé.

Fue el tiempo en que el famoso bandolero Agapito
y la infantil pandilla de que era capitán
andaban por los cerros, de ranchito en ranchito,
haciendo cosas vistas en el Cine San Juan.

(Discípulo de “El Zorro”, todo un lince del hampa,
una vez lo cercaron con un truco pueril,
y a ti te consta, oh plaza, que el que cayó en la trampa
fue el señor Juan Rodríguez, que era el jefe civil).

¿Recuerdas tus domingos, un poco pueblerinos,
en que tú compartías el júbilo trivial
de los niños gritándoles ¡mi medio! a los padrinos
que luego, en centavitos, nos tiraban un real?

Y amabas a los niños con amor de abuelita,
incluso a los Subero, que jugaban foot-ball
y que una vez, chutando con una perolita,
te rompieron los vidrios del último farol.

¿Te acuerdas de las tardes en que Emilio Lovera
venía a visitarte buscando inspiración
y el barbero de enfrente chasqueaba la tijera
viéndole la melena con maligna intención?

Añosa, siempre ungida de una vaga tristeza,
eras como un poema de Verlaine; más aún:
eras como el refugio final de la belleza
en un mundo que usaba pantalones balún.

Pero un día del 30 te embistió la piqueta
“municipal y espesa” y el criterio de un tal
te aderezó con lajas, pérgolas de opereta
y un palomar más cursi que un cronista social.

Y de ñapa en el centro te colocó un muñeco
que un tal Chicharro Gamo modeló con los pies
y al que por darle un nombre, para llenar el hueco,
le pusieron el nombre del pobre Don Andrés.

Y con los años fuiste poniéndote más fea
y más ruin, sin que nadie se apiadara de ti…
Hoy supe que te iban a tumbar: que así sea.
¡Hace ya bastantes años que debió ser así!

El Calvario

Oh paseo del viejo Calvario,
expresión de un romántico ayer
con tu iglesia de libro primario
y tus montes que nadie va a ver

Otro tiempo animado escenario
de picnics que ya no han de volver,
vino un vulgo ramplón y gregario
y te echó para siempre a perder.

En la pobre Caracas de ahora
que sus viejos encantos ignora
casi nadie se acuerda de ti,

salvo algún trasnochado estudiante
o uno que otro furtivo viandante
al que salvas de hacerse pipí.


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