La vida más o menos exagerada de Alberto Fernández

perfil Clodovaldo Hernández

El relato vital de Alberto Fernández, el presidente electo de Argentina, no es como la vida exagerada de Martín Romaña, pero tiene muchos de los ingredientes de una buena historia: tiene rupturas y reconciliaciones; tiene la épica de los vencidos que vuelven como vencedores; tiene la emoción de las grandes expectativas; tiene el frío en el espinazo del riesgo siempre latente de las traiciones. Para completar el cuadro, su historia ostenta también detalles muy del siglo XXI: un pasado como guitarrista de rock, una novia 23 años menor, un perro con cuenta de Instagram y un hijo cosplayer, crossplayer y drag queen.

En fin, que este hombre de 60 años, casi desconocido, es una caja de sorpresas para nuestro mundo globalizado.

Comencemos con las rupturas y las reconciliaciones. Retrocedamos hasta el traumático año 2001, cuando Argentina pasó por la mamá de todas las crisis. Fernández estuvo entre los impulsores de la Presidencia de Eduardo Duhalde, tras el accidentado fin del gobierno de Fernando de la Rúa. Luego se jugó su capital político a una figura emergente del peronismo: Néstor Kirchner, al punto de haber sido su jefe de campaña y de gabinete.

Allí comenzó una larga relación política, no solo con Kirchner sino también con la esposa de este, Cristina Fernández, quien a la postre también sería electa presidenta. Todo funcionó bien hasta 2008, cuando la mandataria tuvo un conflicto intenso nada menos que con los empresarios del campo, que en Argentina son un factor crucial de la economía. Alberto Fernández estuvo en desacuerdo con la presidenta y terminó fuera. Entonces se dijo que renunció, pero él mismo se encargó de aclarar que Cristina lo había echado.

Sobrevino así una década de enemistad en la que no faltaron las frases punzantes. Por ejemplo, el ahora presidente llegó a decir que con Néstor Kirchner el peronismo fue progresista y con Cristina fue patético.

La distancia entre ambos parecía un asunto definitivo hasta que en mayo pasado Cristina Fernández hizo una jugada de gran ajedrecista. Cuando todos juraban que intentaría postularse a la Presidencia y que el gobierno la liquidaría mediante el recurso del lawfare (el uso de los procesos judiciales para sacar del medio a los adversarios políticos), ella anunció que optaría a la Vicepresidencia, en llave con Alberto Fernández.

El analista político (y gran narrador de fútbol) Víctor Hugo Morales dijo que con esa movida audaz Cristina se perfiló como “una figura extraordinaria de la política mundial, una verdadera mariscala de la victoria”.

En varias entrevistas se les ha preguntado a ambos cómo fue que se alejaron tanto. Alberto Fernández ha dicho que “nos pasó lo que a muchos argentinos, que un día la política nos dividió. Esos años de distanciamiento creo que ni ella ni yo estuvimos contentos”. ¿Y cómo fue que se reconciliaron para ahora volver en una alianza de tanta responsabilidad? El abogado bonaerense lo cuenta de una manera sencilla: “Un día me llamó Cristina y me dijo: ‘Alberto, es tu turno’. Y yo le dije: ‘Gracias, Cristina, por la confianza’ ”.

Aunque dicho así parece un simple trámite, lo cierto es que la nominación fue algo tan repentino e inesperado que ha significado eso que algunos gustan llamar “un giro copernicano”, pues dado el estado catastrófico del gobierno de Macri, ser candidato peronista era prácticamente lo mismo que ser ya presidente. De hecho, cuando se realizaron las primarias conocidas como PASO, la dupla de los Fernández revolcó al aspirante a la reelección de una manera tal que todos los pronósticos apuntaron a su victoria en primera vuelta, como en efecto ocurrió.

La jugada de Cristina Fernández fue magistral no solo porque se quitó ella misma –sin quitarse, en verdad– del foco de la confrontación, sino también porque Alberto Fernández operó como un puente con varios sectores del peronismo que se habían distanciado. La unidad lograda resultó la clave de la victoria. “El peronismo ha conseguido una unión que ojalá se mantenga en los tiempos de gobierno”, dijo Víctor Hugo Morales. Alberto Fernández fue un muy buen candidato que supera la media de la política y logró sumar a mucha gente que sin él quizá no hubiese estado en la coalición”.

Por supuesto que la victoria de una fórmula integrada de manera tan poco ortodoxa (lo normal es que el candidato presidencial elija a su vicepresidente, no a la inversa) deja abiertas varias interrogantes. Entre ellas la más repetida es si gobernará él o lo hará ella. En un continente plagado de segundos a bordo que se amotinan contra el capitán, no falta quien tema que el presidente Fernández siga los deplorables pasos de Lenín Moreno.

Él, en tanto, ha intentado mantener algo de la normalidad de su anterior vida. Por eso, el día de las elecciones salió temprano a pasear su perro, Dylan (tributo a Bob, claro), un Collie que tiene 90 mil seguidores en Instagram (@dylanferdezok). Por ese empeño en seguir siendo él mismo ha enfrentado con serenidad las preguntas sobre su hijo, Estanislao, quien ha puesto a los argentinos (y ahora también a gente de otras partes) a escudriñar en Google para enterarse de que un drag queen es un artista que se disfraza de mujer sin ser transgénero; un cosplayer es quien se disfraza como un personaje de los cómics o mangas japonesas; y un crossplayer es igual a lo anterior, solo que el disfraz es de un personaje del género opuesto al suyo. El muchacho de 24 años, conocido en estos ámbitos como Dyhzy, es todo eso y Alberto Fernández le sale al paso a cualquiera que venga blandiendo un prejuicio: “Es el mejor pibe que conozco. Me preocuparía si mi hijo fuera un criminal, pero es un gran hombre”, dice.

¿Y sobre Venezuela?

Por supuesto que fueron muy pocos los días (si es que hubo alguno) en los que la prensa radicalmente macrista de Argentina y los demás medios de la derecha del mundo no intentaran meter a Alberto Fernández en el berenjenal de las opiniones sobre Venezuela.

En alguna oportunidad lograron su cometido de llevarlo a decir que el Gobierno de Venezuela, aunque de origen democrático, es autoritario y por eso es difícil defenderlo. Esta opinión produjo fuertes reacciones en Venezuela, del lado gubernamental.

Sin embargo, a pocos días de las elecciones, Fernández fue claro al decir que una vez que estuviese en el ejercicio de la Presidencia, Argentina abandonará el Grupo de Lima y se sumará a la postura que han mantenido México y Uruguay. Esta vez fueron los opositores los que pusieron el grito en el cielo.

También, unos días antes de la cita electoral, Macri anunció que rompía definitivamente relaciones con el gobierno de Maduro y, para demostrarlo, recibió a la supuesta embajadora de Juan Guaidó en Buenos Aires, Elisa Trotta. La medida solo despertó algunos sarcasmos en los círculos oficiales venezolanos, pues la derrota de Macri estaba más que cantada.

Luego del 10 de diciembre habrá llegado la hora de la verdad acerca de cómo gobernará Alberto Fernández, en líneas generales, y específicamente sobre su política exterior. La prudencia aconseja no adelantar opiniones.


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