Las rumbas con Benito Mieses (I)

Humberto Márquez

Cuando escribí de Hugo Fernández Oviol, El Rojo, como me recordó Omaira Forero, hubo conmoción en Coro, tanto que César Seco se mandó un texto de Benito Mieses que me dejó conmovido y desarmado, porque mi madre Ana Lucía me estaba enviando señales que sugerían que escribiera una serie de poetas para esta columna y, por razones facultativas, le corresponderá por un rato a mi pana Benito Mieses.

Así que prepárense porque esto va para largo. Jajaja. César Seco, con todo el amor de su vida y en bajada jajaja, se llevó lo poquito que había dejado Miguel Márquez y entiendo que otra Omaira, esta vez Abadía, en Benito Mieses o la poética de la ternura, que acabaron con todo. Jajaja. Y ahora. ¿Qué hago yo aquí?. Me dije entonces, les regalo la literatura, que yo me ocuparé de la mundanidad.

A propósito, busqué algo que dejó mi otro pana, Facundo Cabral, en mi cámara de televisión de algún entonces sobre el tema de la propiedad privada: “Estoy forzado a robar porque llegué tarde, desde mucho antes de nacer las cosas eran de alguien, el bigote era de Miguel Cervantes, hojas de hierba de Whitman, Tristan e Isolda de Wagner, España era de Franco, El Guernica de Picasso, Sofía Loren de Ponti, el Oscar de Marlon Brando, la Gloria era de Gardel, las vacas eran ajenas, y si quedaba algo más se lo llevó Julio Iglesias, hasta la misma injusticia ya tenía propietario, como la desesperanza el privilegio del tango. Si me gusta una mujer está de novia o casada, si soy ladrón es por culpa de la propiedad privada”.

Y Benito era eso, mi ladrón preferido. Un ser humano insaciable de la poesía, a pesar de ser economista insigne, pintor y mejor escritor. Benito es y fue, ¡verga, sonó a obituario!, mosca, pues, pero es y seguirá siendo uno de mis grandes hermanos de mi vida..

¡Continuará!


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