Luis Britto García, el promotor de Aquiles Nazoa al Panteón

Candilejas y Aplausos

Ya comenzó la décima edición de la Feria del Libro de Caracas, esta vez en las comunidades hasta el 23 de julio, para luego mudarse a todo dar a la Plaza El Venezolano desde el 24 hasta el 28 de julio.

La Feria contará con la participación del escritor, ensayista e historiador Luis Britto García. Todo un lujo, pues se trata del promotor del traslado de Aquiles Nazoa al Panteón Nacional, quien presentará la tercera edición de su libro El verdadero venezolano: mapa de la identidad nacional y participará en un homenaje al fallecido cineasta, poeta y ensayista Edmundo Aray.

Britto García nos cuenta aquí sus gustos por Caracas.

—¿Cuál es su lugar preferido de Caracas?

—En mi niñez, la placita de La Concordia, que erigió Carlos Raúl Villanueva después que demolieron la cárcel de la dictadura gomecista. Era un bello espacio de recreo, con un templete neoclásico en el centro. A veces iba de noche, para estudiar en una sillita de extensión. Después demolieron ese espacio para hacer un estacionamiento subterráneo, y en la superficie construyeron un esperpento que da pena mirarlo.

—Un restaurante, fuente de soda o taguara.

—Cuando era estudiante, a veces iba a un modestísimo restaurante cerca del Teatro Nacional, que creo recordar que se llamaba Excelsior, donde cocinaban muy bien platos muy sencillos.

—Una esquina o avenida.

—Recuerdo cuando niño las cuadras al sur de la casa natal del Libertador, llenas de jugueterías y de ventas de pacotilla, que recorríamos en Navidad. Todavía hay algunos negocios de ese tipo por allí. Hacia esa zona, en la Plaza El Venezolano, había un gran mercado, del cual recuerdo las jaulas llenas de inocentes conejitos.

—Una película.

—Imposible elegir entre las obras maestras que uno ha visto, la mayoría en cinematecas o en reproductores de video. Pero recuerdo haber visto en el cine El Dorado, una salita cochambrosa en San Agustín, la película Cangaceiros de Lima Barreto. Yo era un niño y me quedé impactado: era la primera obra genial de arte cinematográfico que veía y en un cine de barrio. También por Santa Rosalía quedaba otro cine destartalado, El Paraíso, que es mencionado en alguna de las novelas de Salvador Garmendia. Allí llegué a ver, aunque usted no lo crea, Los siete samurais, de Akira Kurosawa, y una obra maestra de sátira contra la guerra, de la cual solo recuerdo el título Rat, la guerra. En esa época los circuitos comerciales dejaban pasar obras maestras.

—Una canción.

—Podría mencionar infinitas canciones, al extremo de que recuerdo ciertas épocas por la melodía que estaba de moda en el momento. Hacia los últimos años de la dictadura de Pérez Jiménez se escuchaba mucho Reloj, no marques las horas, una canción obsesiva sobre lo imposible de detener el tiempo. Me impactó tanto que con ella cierro Muñequita Linda, una pieza teatral mía sobre esa época, que fue dirigida por Román Chalbaud.

—Un libro.

—Cada libro que uno lee deja su marca, me pasaría años hablando de mis libros favoritos. Pero, en tono de nostalgia, déjame decirte que apenas saliendo de la infancia le compré a un vendedor callejero el Así hablaba Zaratustra de Nietzche, de la colección Tor, en un bolívar cincuenta. Y en una librería de Santa Rosalía me compré las Obras selectas de Rómulo Gallegos, de la editorial Aguilar, en doce bolívares. Recuerdo mucho también la Colección Popular Venezolana, que vendía cinco libros en paquetitos con un precio de tres bolívares con cincuenta. Allí conocí obras como Cubagua de Enrique Bernardo Núñez. Todo salía de los pasajes de autobús para el liceo, que ahorraba pidiendo colitas.

—Un poema.

—La Balada de Hans Christian Andersen y Jenny Lind, el ruiseñor de Suecia. Parece que Aquiles Nazoa la escribió en homenaje a un amor secreto suyo. Todos los grandes amores son secretos y nos atrevemos a escribir sobre ellos solo en clave.

—¿Tiene algún ritual antes de escribir?

—A veces escribo en la bañera. Me gusta también escribir acostado en la cama, con la libreta o el teclado de la computadora en las rodillas. Así me da la impresión de que estoy vagando y no trabajando.

—Háblenos un poco de su participación en la Feria del Libro de Caracas.

—Está prevista la presentación de una tercera edición de mi libro El verdadero venezolano: mapa de la identidad nacional. Ojalá sea posible porque las dos anteriores se agotaron de inmediato. Es un intento de definir un tema polémico, el de la identidad nacional, sobre la cual está fundada la nación y que legitima al Estado. También participaré en un homenaje al querido Edmundo Aray y, si es posible, en otro para Aquiles Nazoa, cuyo traslado al Panteón Nacional estoy promoviendo.

—¿Cómo ve el hecho de que una feria del libro va a las comunidades?

—He asistido a ferias que son gigantescas promociones para las editoriales. Las nuestras son de las pocas que se ocupan del lector, incluso en tiempos duros de crisis como el presente. Y el libro es una declaración de amor dirigida ante todo al lector.

Ciudad Ccs/Rocío Cazal

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