Mayestático

Vainas de la Lengua

Entre las primeras lecciones que aprendimos en la escuela están qué es singular, qué es plural y cuáles son los pronombres personales. Pero eso que parece un charquito de saber donde niñas de seis años chapotean con gracia, es en realidad un pozo, profundo y turbio, donde bullen fenómenos que gramáticos y lingüistas estudian con juicio, y que da material para analizar la importancia de la lengua en nuestra realidad política y social.

Imagine al gobernante que más confianza le inspire, o al que deteste (da igual), informar en rueda de prensa: “Acabamos de firmar un convenio y ya no tendremos que hacer colas para comprar bombonas de gas”. Ahora pregúntese, ¿la persona que habla soportará horas a sol y sombra para encender la cocina de su casa? Ese “tendremos” que lo incluye entre los dolientes hace ruido, ¿verdad? Pero los dueños de empresas y de grandes corporaciones recurren al mismo cómplice gramatical y escriben a sus empleados comunicaciones de este tipo: “Nuestra empresa nos necesita”. ¿Nuestra?

Esta argucia tiene un nombre que me encanta porque devela de dónde viene: ¡plural mayestático! El adjetivo viene de majestad, pues desde la lejana Edad Media especialmente reyes y papas hicieron uso de esta modalidad expresiva que hoy se ha extendido a toda gente con autoridad y poder. Es sencillo, tiene lugar cuando el emisor recurre a la primera persona del plural para proyectar la sensación de que comparte con el receptor responsabilidades o privilegios que este último en realidad no tiene, para hacer ver que sufre circunstancias que no padece, o para dar la impresión de que aquello que comunica lo está enunciando un grupo determinado que lo respalda. Emisor: igual a decir los señores del poder económico y político. Receptor: igual a decir los comunes.

Hay un pasaje del capítulo ocho de El Capital donde Marx llama la atención, con su particular sentido del humor, hacia esta práctica discursiva, mientras cita un testimonio del gerente y socio de una fábrica de Manchester que no tenía prurito alguno en afirmar: “Nosotros trabajamos sin interrupción para las comidas […] diez horas y media”. ¡Ja! 

Ciudad Ccs/Yanuva León

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