Navidad y misas de aguinaldo

 

¿Exagera Juambimba cuando afirma que el actual rollo socioeconómico del país y de Caracas, principalmente, le pasó por encima a todas las tradiciones que nos conectan con lo especial que representan estos días de Navidad?

¿Dónde quedaron las Misas de Aguinaldo o la tradicional Misa de Gallos? ¿Dónde están las patinatas? ¿Quién sale a dar parranda? ¿Por qué pensar en las hallacas, los bollos y los panes de jamón como en una pieza de lujo, a pesar de su origen humilde? ¿Quién sale a comprar estrenos? ¿Dónde están los ornatos propios de la fecha que no sea en sitios muy específicos y cada vez más reducidos? ¿Por qué escasean los fuegos artificiales y los tediosos tiritos de los traquitraquis, fosforitos, tumbarranchos, binladem y matasuegras? ¿Dónde están las anheladas cestas navideñas que asemejan una especie en extinción? ¿Y las tarjetas de buenos deseos, los arbolitos, pesebres y las cartas para el hijo de Dios?

Tradiciones católicas y de otras religiones que se expresan en tan significativa fecha están clamando por ser atendidas. Románticos al rescate, pues…

Misas de aguinaldo

Ya nadie habla de las otrora impelables Misas de Aguinaldo, una seguidilla de nueve misas que se efectúan, según la tradición católica, a las 5:30 de la madrugada entre el 16 y el 24 de diciembre, cuando se cierra con la Misa de Gallos, en apología a los nueve meses de gestación de la Virgen María para traer al mundo a Jesucristo, el Salvador, el Redentor.

Estas misas, según la tradición impuesta desde los días de la Colonia por la Santa Iglesia Católica, son una suerte de preparativo en torno al advenimiento del hijo de papá Dios.

Gracias a una bula del papa León XIII, se concede la introducción de los cánticos folclóricos (aguinaldos en nuestro caso) para celebrar en la figura de Juan el Bautista, el nacimiento de la creación de Dios y María.

Aquella orden sacerdotal ofrecía indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados a los fieles que confesados y comulgados asistiesen a esas misas. Por ello la importancia del evento para toda la feligresía. En cada misa se busca (o se buscaba) el encuentro personal con uno mismo para despejar dudas, dejar atrás posibles fracasos y redimir el pasado, además de que se apuntaba a la unión con el prójimo como meta fundamental en el marco de esta celebración de la natividad del Mesías quien viene a renovar la fe y a abrir espacios para la esperanza y la paz.

Las patinatas

El venezolano, católico en su gran mayoría, por crianza, ha vivido estas misas como parte de su cultura y hoy las extraña. Nadie acude por diversos motivos; el primero es la poca promoción de las mismas desde el seno eclesiástico; el segundo es la inseguridad, y quizás haya otras aunque la idea es el rescate de tan importante cita con la renovación de la fe.

Tanto los cantos de aguinaldos como las patinatas se iniciaron de forma complementaria y llegaron a instaurarse como parte de esta fiesta cristiana, que hoy se ve cada vez menos.

Aquellas chispas en el suelo y el estruendo de las ruedas de hierro de los Winchester, que luego fueron sustituidos por los modernos Middon y estos a su vez desplazados por los patines en línea, son extrañados por jóvenes y otros no tan jóvenes para darle vida a la fiesta del pueblo alrededor de lo estrictamente religioso.

Solo la comunidad organizada podrá salir al rescate de sus espacios y contar con cuerpos de seguridad para recuperar tan determinante actividad que regrese el ambiente festivo en el que todo gira en torno al nacimiento del Redentor.

Hallacas y otros lujos

Lo que se originó como una necesidad de conservación de “sobrados” de alimentos envueltos en hojas de cambur o plátano, y que pasó a formar parte determinante de la dieta tradicional de nuestras navidades hoy es un lujo absoluto que se debe rescatar a plenitud, porque una Navidad sin hallacas es como un jardín sin flores y, si somos sinceros, hagamos una revisión desde nuestro hogar hacia afuera, para advertir el déficit de tan sagrado platillo.

Se han hecho esfuerzos, aportes, bonos, ayudas, pero no es suficiente.

Corresponde ir a las misas de aguinaldo y en cada una de ellas pedir con mucha fe, quizás, para que por intervención de fuerzas divinas o por órdenes sagradas emanadas desde el Empíreo, el pueblo pueda acceder no solo a sus tradicionales y sabrosas hallacas, sino a su pan de jamón, sus bollos, sus dulces de lechosa, su panetón y su respectivo vino o la cañita que cada quien desee o pueda libar.

Lo del pernil es un tema aparte. El Gobierno ya lo ha prometido y, alrededor de esa promesa, se ha aglomerado la fe de la inmensa mayoría de los hogares venezolanos (cristianos o no), porque este es el otro plato de gran impacto dentro de la dieta criolla en esta época de renovación y también de sabrosos excesos.

Así que a acudir a la casa de Dios y, en unión familiar, a cantar aguinaldos, a patinar y a orar en firme y convincente petición para que las plegarias se eleven de manera más expedita de la que aumenta el dólar y la hiperinflación, a ver si la respuesta divina, ante el rescate de las misas de aguinaldo, da acceso a tan apetecibles tradiciones. Que la dieta para bajar de peso quede para enero…

Ciudad CCS / Luis Martín

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