¡No me agarren!

Earle Herrera

¡Suéltenme, no me agarren!, grita el fanfarrón en el medio de la calle, donde nadie lo sujeta ni le impide enfrentar al adversario que lo espera más bien extrañado, pues ve que su rival puede fajarse pero sigue gritando que no lo agarren. Igualito se pone el autoproclamado –¡no quiero diálogo!– cada vez que sus emisarios van a Oslo o a Barbados. Se entiende que el interino actúa para la ultraderecha criolla y la nada fácil claque mayamera, pero no debe exagerar, pues de pronto lo dejan solo con el contrario y va a tener que correr otra vez, como el heroico día del guacal desconocido y los cambures ignotos.


Únase a la conversación