Pacheco

100 Años

“¡Llegó Pacheco!” es probablemente la frase más inalienable de la identidad caraqueña. Ninguna otra ciudad del país, ni del mundo, ni del universo, recibe a este visitante particular que, cargado de flores, viene cada año a traernos el frío que acompaña nuestros luminosos días de diciembre. Esta vez, al recibimiento alegre que la Alcaldía de Caracas le ofrece a Pacheco en la Plaza Bolívar, se suma Ciudad CCS como parte de la fiesta continuada con la que, hasta el 17 de mayo próximo, celebramos el centenario del nacimiento de Aquiles Nazoa, adalid de la permanencia de Pacheco en nuestras tradiciones.

Qué hubo, Pacheco…

I
Después de muchos meses esperando
que con tu soplo gélido
a refrescar vinieras la canícula
que este año enflaqueció a los caraqueños,
he aquí que ya estamos en noviembre,
un mes que era muy frío en otros tiempos,
y el calor continúa
ocasionando pérdidas de peso,
porque a ti no te da tu perra gana
de regresar, oh pícaro Pacheco.

¿A qué debe atribuirse tu retardo,
tú que eras tan puntual y tan correcto?
¿Si antaño, cada vez que las campanas
doblaban por el Día de los Muertos,
ya tú estabas haciendo tus valijas,
limpiando tu bufanda y tu chaleco
para después bajar, lleno de flores,
con tu sonrisa de anciano fresco
y tu pincel teñido de manzana
que en los rostros ponía un rosa tierno?

Todo el mundo exclamaba en ese entonces
con júbilo infantil: -¡Llegó Pacheco!,
mientras tú por el Ávila llegabas
con tu bufanda vegetal al cuello,
y una flota pascual de golondrinas
volando de tu lírico sombrero!

II
Pero este año, Pacheco, pasó octubre,
noviembre se está yendo,
y sin saber nada de ti seguimos
porque ni un simple telegrama has puesto.

¿De dónde te ha salido
esa informalidad después de viejo?
Sabiéndote esperado, ¿por qué tardas?
¿Por qué no vienes, pícaro Pacheco?
¿Es que te has puesto bravo con nosotros?
¿Es que eres enemigo del gobierno?
¿Temes, ay, que los guardias nacionales
te puedan confundir con un sin techo,
o es que has resuelto no venir este año
por temor a caerte en algún hueco?

La culpa será tuya,
oh pícaro Pacheco,
si para el año entrante, en la estadística
baja la curva de los nacimientos…

Pues con tanto calor, ¿quién se apechuga?
¿Qué muchacha es capaz de darle un beso
a un novio sudoroso
y hediondísimo a guante de boxeo?

En cambio, cuando hay frío,
cuando tú estás entre los dos, Pacheco,
hay que ver esos tórtolos de sala
a las diez de la noche más o menos
cuando ella, erizadita,
dice: -Qué frío tengo…
Y le conecta al tercio una mirada
como si fuera un romantón el tercio…

Por tan justas razones,
es tiempo de que tornes, ¡oh Pacheco!
Te lo pide un poeta enamorado
a quien su novia ayer le negó un beso
porque al decirle: -¿Quieres un besito?
Ella le respondió: -¡Qué va, mi negro;
con el tierrero que hay por esas calles
y con el calorcito que está haciendo,
tú debes de tener ese bigote
como rollete de chicharronero!…

Nuevos saludos para Pacheco

Como todos los años, y este un poco más frío
-esos excesos tuyos son propios de la edad-
otra vez te he encontrado, Pacheco, amigo mío,
haciendo travesuras por toda la ciudad.

Otra vez ha pasado tu soplo como un río
-río de moneditas de plata de verdad-
repartiendo aguinaldos de pequeño rocío
entre las jubilosas novias de
[Navidad.

Cuando en tu viejo
[coche del Ávila desciendes
y al rostro de la vida la mejillas le enciendes
y pones nueva música en cada corazón,

En Caracas decimos: ¡Ha llegado Pacheco!…
Y del diáfano anuncio tú recoges el eco
para irlo cantando de portón en portón.

Patinadores de diciembre (Fragmento)*

Tal vez porque el lago de su pueblo no se helaba en el invierno, o porque quiso hacer del patinaje un placer de todas las latitudes, un joven artesano holandés tuvo un día la idea de poner ruedas a sus zapatos. Así nació el patín que rodando por parques y avenidas del mundo, vino a sumarse a los elementos característicos de la Navidad caraqueña. De todas las cosas que la gran industria extranjera vuelca sobre nuestro país, el patín es la única que no ha contribuido a desnaturalizar la tradición. Por el contrario, se les puede considerar ya algo tan nacional como las hallacas y el furruco.

Nuestro amable “Pacheco” -fabuloso rey criollo de los aires decembrinos- no llega a darnos hielo para trazar en él signos mágicos con los filos de los patines; pero gracias al modelo de ruedas el patinaje es entre nosotros deporte de invierno, e invernal es la alegría que nos comunica. Tampoco tenemos laderas cubiertas de mansa nieve, pero el genio del niño criollo creó su versión caraqueña del trineo – un cajón y cuatro ruedas de un patín- y se lanzó a volar por las cuestas de la ciudad.

*Tomado de Caracas física y espiritual
Aquiles Nazoa, 1967


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