Para los abajo firmantes

Santiago Díaz

Muchas cosas llaman la atención sobre los últimos 20 años de la política venezolana. Pero, entre todas, creo que la más curiosa es que se insista en llamar dictadura a un Gobierno que deja pasar cosas que en cualquier otro país se pagan muy caro y “fuerzas democráticas” a personajes que una y otra vez se lanzan por el mismo barranco del atajo golpista y violento. Un ejemplo reciente: si un grupito de anormales se atrincheraran con armas largas y cambures verdes en una calle de cualquier país europeo, el Gobierno podría coser a plomo a esos pobres infelices y absolutamente nadie diría que aquello estuvo mal. En Venezuela se les reduce con paciencia y gas lacrimógeno, se les captura vivos a todos, sin un raspón, pero igual dicen que este Gobierno es una dictadura.

Y si aquello hubiera sido una aventura aislada, la locura de un grupito de desadaptados, de pronto se podría decir que hay atenuantes. Pero sabemos bien que no. Lo del 30 de abril fue una página más en un expediente de golpismo que llenaría un galpón hasta el techo. El 11 de abril, el golpe petrolero, las guarimbas de 2004, 2014 y 2017, el grito de fraude del revocatorio, la abstención en 2005, 2017 y 2018, que culminó con esta idea de juramentar a un bolsa en una plaza para preparar el terreno para una invasión, el golpe azul que arrancó en 2015 y todavía anda por ahí, el intento de magnicidio de 2018 y todos los que se desactivaron antes. Uno hasta se pierde sacando la cuenta.

Hace poco, unos señores opinadores pusieron a rodar una carta para que otras celebridades de la intelectualidad opositora la firmaran. El chiste de la carta era pedir negociación, una solución pacífica y tal. Lo que cualquier persona mentalmente sana quiere para su país. Inmediatamente el maricorinismo tuitero les cayó encima. En Twitter, si eres opositor, tienes que estar loco y demostrarlo con notas certificadas para que nadie sospeche que eres un colaboracionista del malvado rrrrrégimen narcocastrocomuchavodiosdadomadurista. El más mínimo disenso se castiga con 200 latigazos en una plaza pública.

Pero como los psicópatas aquellos no tienen el poder para castigar así a sus propios revoltosos pacifistas, recurren a los clásicos métodos del fascismo 2.0: publicar dirección y teléfono de la persona, decir dónde estudian sus hijos y todas las demás bellezas que allá se han venido normalizando. Antes de que los firmantes de esa carta vuelvan a repetir en sus artículos de opinión que los de acá somos dictadores y los de allá son demócratas, quisiera invitarlos a que piensen y traten de encontrar al menos 10 momentos en los cuales la oposición ha sido democrática. Si les queda algo de honestidad intelectual, les aseguro que se van a llevar una sorpresa.

@letradirectasd

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