Punto de Quiebre | Por mil dólares Polisicarios le cortaron la vida a la profesora

Un hombre contrató a unos policías de Guárico para que le quitaran la vida a su exmujer

Ya no encuentro qué hacer –le dijo Bella Arelis en una oportunidad a su
excuñada–, le dije a Javier para terminar, pero él cree que no estoy hablando
en serio y lo que hace es vacilarme. Lo nuestro se acabó hace mucho tiempo,
pero él siempre me dice que yo no seré de nadie más. De verdad que ya estoy
desesperada.

Dale tiempo –le respondió la mujer, que era su amiga–, él terminará por
convencerse de que esa relación se acabó y que no tiene vuelta atrás. Lo que
pasa es que él fue muy terco, machista y dominante desde chiquito. En
cualquier momento aparece otra mujer en su camino y se le pasa la vaina.

–¡Ah!, ok, o sea, y mientras tanto la pendeja que se lo cale. He pensado hasta
en denunciarlo a la policía para que le prohíban que se me acerque. La otra
vez me tomó por el cuello y comenzó a apretarme y de verdad que me dio
miedo. Se puso como una fiera solo porque le dije que me iba a buscar otro
hombre. ¿Y qué será lo que quiere él? ¿Que yo me eche a morir porque lo
nuestro se acabó? Pues lo siento, el que está viejo y amargado es él, yo ahora
es que tengo toda una vida por delante.

Linda guariqueña

Bella Arelis Vásquez tenía cuarenta y dos años paseando su belleza por las
calles de Zaraza, en el estado Guárico. Blanca, de pelo negro largo y liso, y
unos ojos marrones que hipnotizaban al más pintado. Y lo mejor era su
carácter alegre, típica guariqueña, amante de los toros coleados. Ejerció su
profesión, la docencia, durante muchos años, pero debido a la crisis
económica se había dedicado al comercio y le estaba yendo muy bien.
Cuando Bella Arelis se iba caminando al pueblo, toda perfumada de talco y
lavanda y su ropa recién planchada, todos a su paso quedaban boquiabiertos.

Don Fulgencio dejaba de tratar de quitar la grasa y el herrumbre de su taller
mecánico, los policías se olvidaban del tránsito y de los ladrones y hasta
cesaban los ruidos coagulados de la carnicería.

Bella Arelis era una mujer feliz y, pese a haber fracasado en su primer
matrimonio, no se arrepentía, pues fruto de esa relación le quedaron sus dos
hijas a las que adoraba.

Dicen en el pueblo que su gran error fue haberse puesto a vivir con Javier
Arce Arango, un colombiano que le llevaba como 20 años y con fama de ser
un hombre de muy mal carácter, celoso y peleón. Lo único a su favor era que
tenía plata.

Escena violenta

En una de sus últimas peleas y discusiones Javier la abofeteó, porque ella le
dijo que debía entender que ya no quería más nada con él, pues estaba
enamorada de otro hombre.

Por primera vez en mucho tiempo Bella Arelis tuvo miedo. Tuvo miedo de
aquel brillo extraño que se apoderó de la mirada de Javier, del color que
adquirieron sus pupilas, de la forma como balbuceó, de la agitación que se
produjo en su pecho y de la forma como agarró fuerzas para descargarle
aquella bofetada.

“Escúchame bien lo que te voy a decir. Si no eres mía, tampoco lo serás de
nadie. Si me llegó a enterar de que de verdad andas con otro hombre, ten la
seguridad de que te mató”, le dijo y luego salió como una tromba dando un
portazo.

Al rato llegaron sus hijas y la socorrieron. Todavía estaba aturdida. Al día
siguiente, y por recomendaciones de una comadre, fue a colocar la denuncia
en la sede del Cicpc, pero allí le dijeron que no podían abrir un expediente ni
hacer nada por simples amenazas, pero le recomendaron que gestionara ante el
Ministerio Público una medida de protección para que Javier Arce no se le
acercara más.

Una noche como cualquiera ella salía, tomada del brazo del novio, de un
restaurante cuando se toparon de frente con Javier Arce. Ninguno pronunció
palabra alguna, pero ella percibió el odio de él. Volvió a ver aquel brillo
extraño en su mirada, el cambio de color en sus pupilas, la agitación que se
produjo en su pecho. Sólo que aquella noche no hubo bofetada.

Lejos estaba de imaginar que en vez de bofetada, aquella noche se había
sellado su sentencia de muerte.

Robo simulado

A mediados de agosto Bella Arelis Vásquez llegó en su vehículo Mitsubishi
de color azul a su casa en la urbanización Rodríguez Morales de la
parroquia Pedro Zaraza del estado Guárico. Iba en compañía de sus dos
hijas. No se había percatado de que una motocicleta tenía rato siguiéndola
por varios puntos de la ciudad. La calle estaba solitaria, demasiado sola
quizás.

Apenas detuvo el auto delante de la vivienda y se disponía a bajarse del
auto, llegaron aquellos dos hombres en moto, quienes las apuntaron con
sus armas de fuego y les pidieron sus pertenencias personales. Las tres
mujeres entregaron los celulares y carteras, pero uno de los hombres
apuntó con su arma a la profesora a la cabeza y le disparó a quemarropa.

Los criminales huyeron a toda velocidad mientras las dos muchachas
pedían auxilio a los vecinos, pero muy pronto se percataron de que no
había nada que hacer, pues Bella Arelis ya había fallecido.

En tiempo récord fueron pillados los polisicarios

Quince días después el Cicpc declaró el caso resuelto, gracias a las
informaciones suministradas por testigos, así como a pesquisas telefónicas
y varios retratos hablados.

Dijo el director del Cicpc, comisario Douglas Rico, que el colombiano
Javier Arce Arango contrató a un expoliguárico de nombre Roangel
Romero Villegas, de 39 años de edad, para que buscara a dos sicarios
cometiera el crimen de su exmujer y que estaba dispuesto a pagar mil dólares
americanos.

Romero Villegas contrató a los policías activos de la institución Luis Alberto
García Escalante, de la División de Inteligencia, y al también oficial agregado
Héctor Luis Marichales, de treinta y cinco años de edad.

Hasta el momento García, quien era el que conducía la motocicleta, está
detenido al igual que Romero Villegas, mientras que Marichales, que fue
quien accionó el arma de fuego, está siendo buscado activamente, al igual que
el colombiano Arango, autor intelectual del crimen. La policía cree que este
último logró huir del país hacia Colombia y por tal motivo solicitaron su
inclusión en la lista de delincuentes solicitados por la Interpol.

La policía incautó la moto Empire Horse, color rojo, placas AB6U49A, en la
que se desplazaron los dos criminales para cometer el sicariato, y la pistola
Browning nueve milímetros utilizada en el feminicidio.

“Yo no sé qué están esperando para desaparecer por completo esta policía del
estado Guárico. Yo creo que es la más podrida de todo el país. La tienen como
una escuela de sicarios. Todo el que le da la gana

Ciudad Ccs/Wilmer Poleo Zerpa

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