Retrato de un cretino

Santiago Díaz

En 2006 creíamos que Rosales era un pésimo candidato. Atropellaba las frases y metía la pata en los discursos. Luego llegó Capriles y, nostálgicos, descubrimos que Rosales era un operador político bastante talentoso en el Zulia y que hasta alguna obra dejó por allá, cosa que definitivamente no se podía decir de Capriles en Miranda. Cuando Voluntad Popular agarró el coroto del golpismo, nos dimos cuenta de que Capriles al menos tenía asesores razonablemente capaces, que lo hacían parecer un político más o menos potable de vez en cuando. Después de todo, él y su equipo supieron arañar votos independientes y descontentos en 2013.

Era difícil pensar que la clase media podía caer más bajo luego de 2017, cuando obedecían al pelo las órdenes que tuiteaba Nazi Guevara; de lejos, el sujeto más repugnante que ha salido de la dinámica política venezolana en los últimos 40 años. Nos faltó imaginación. El perfil que hizo un periodista de The New Yorker, que estuvo un par de meses al lado del nuevo ungido, es aterrador. Rueda por ahí un pedacito del reportaje donde el periodista cuenta como Whitedog lleva siempre con él a un astrólogo que le dice en la pata de la oreja que él es la reencarnación de Guaicaipuro y que es el predestinado para liberar a Venezuela del castrochavismo malo maluco.

Es matemáticamente imposible que Whitedog supere en maldad a Nazi Guevara, pero el agravante en esta oportunidad es que no solo lleva a todas partes al astrólogo que le dice esas cosas, sino que el tipo de verdad las cree. No ser una persona particularmente talentosa o brillante no es malo. Hay mucha gente corta de entendimiento que, con disciplina y constancia, logra lo que sea. Además, al final lo importante es tener buen corazón y un poquito de ética. Pero ser gafo y al mismo tiempo creerse predestinado y rodearse de aduladores que te repitan que vas bien es una combinación fatal.

Pero peor que el cuento del astrólogo es el final del reportaje: el periodista cuenta que estaba en una actividad de masas después del golpe del 30 de abril, donde a un cura le tocó explicar que el “presidente” Whitedog no podía ir porque estaba en una reunión importantísima. Inmediatamente lo llamaron los ayudantes de Whitedog para que fuera a verlo. Cuando le preguntó por qué no había ido al acto, Whitedog le dijo que no le provocó y ya. Y cuando el periodista le dijo que difícilmente iba a volver a alcanzar alguna fuerza después del fracaso del 30 de abril, Whitedog le respondió que sí se podía porque él es chévere y punto. La clase media lleva décadas siendo nariceada por gente maluca e incompetente, pero creo que es la primera vez que se deja estafar por un cretino a dedicación exclusiva y con todas las credenciales.

@letradirectasd

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