Túpac Katari vuelve y vuelve

Perfil Clodovaldo Hernández

Pocas veces como este 2019 ha tenido tanto significado el aniversario del vil asesinato de Túpac Katari. Quiso la perversión del momento presente que el 15 de noviembre encontrara a Bolivia envuelta en un intento de retroceso a aquellos tiempos finales del siglo XVIII, cuando el gran líder aymara fue ejecutado y descuartizado por el poder colonial español.

Pocas veces también han estado más vigentes las que se asegura fueron sus últimas palabras: “Pueden matarme a mí, pero volveré hecho millones”.

No por casualidad, la frase fue dicha por el vicepresidente Álvaro García Linera, al momento de –junto al presidente Evo Morales-renunciar al cargo en procura de la pacificación del país, asaltado en pleno siglo XXI por una banda de racistas, fanáticos religiosos y representantes del poder colonial de estos tiempos, el de Estados Unidos.

Con el arrojo de Túpac Katari han actuado cientos de miles de indígenas y campesinos bolivianos que han protestado contra una dictadura que cuenta con la bendición de la corporatocracia mundial, de la ominosa Organización de Estados Americanos y del aparato mediático global, que guarda silencio y encubre los crímenes de lesa humanidad perpetrados por unos cuerpos policiales y militares también inoculados de racismo y endorracismo.

Túpac Katari, cuyo nombre español era Julián Apaza Nina, había nacido en Ayo Ayo, provincia de Sica Sica, en el entonces Virreinato del Perú, en 1750. Según los conocedores de ambos idiomas, el nombre que adoptó significa serpiente en quechua y serpiente en aymara. O sea, que era Serpiente Serpiente.

Había tomado inspiración y actuado a la par de Túpac Amarú II, quien había iniciado luchas anticoloniales en el Cuzco (en la serranía sur peruana) y descendía de Túpac Amarú I, considerado el precursor entre los precursores de la Independencia del continente americano frente al imperio español.

“Es preciso poner en claro que José Gabriel Túpac Amaru y Julián Apaza, Túpac Katari, son dos personajes diferentes, uno en el Bajo Perú y el otro en el Alto Perú, pero con las mismas intenciones separatistas del régimen colonial”, explica el autor Freddy Céspedes Espinoza en un artículo titulado Túpac Katari y el Cerco de la Paz.

A Túpac Katari le correspondió la zona de lo que luego sería Bolivia (en ese momento Alto Perú), específicamente los extensos territorios de La Paz, Chuquisaca, Omasuyos, Pacajes, Yungas, Mizque, Porco, Chayanta, Potosí y Oruro. Algunos historiadores aseguran que de su movimiento no solo formaban parte los indígenas, sino también campesinos y mineros mestizos y blancos. Todos estaban hartos de la desigualdad de la sociedad colonial.

Bajo su liderazgo se produjo en 1780 el episodio conocido como el Cerco de La Paz, mediante el cual la ciudad fue sitiada por meses y su población llevada a la desesperación por falta de alimentos y otros bienes básicos.

Los dos Túpac tenían exigencias bastante parecidas vinculadas a la justicia social y a la eliminación de odiosas discriminaciones raciales. Luchaban por suprimir la mita y los repartimientos, que eran formas parciales de esclavitud de los pobladores originarios. También querían deshacerse de los corregidores (funcionarios coloniales) y de los obrajes que eran fábricas textiles donde se aplicaba el trabajo forzado. Igualmente se proponían erradicar las aduanas e impuestos que se aplicaban a los indígenas. Ambos líderes le tenían ojeriza particular a los llamados chapetones, que eran los españoles de origen y que desempeñaban las principales funciones públicas.

El historiador argentino Sergio Serulnikov asegura que estos movimientos tenían una marcada impronta anticolonial. No eran luchas por reivindicaciones particulares, sino que ponían en cuestión la totalidad del sistema de poder español en América.
Los estudiosos de su rebelión afirman que en el momento de máxima organización, Túpac Katari llegó a tener alrededor de 40 mil indígenas bajo sus órdenes por casi un año.

“Los primeros pasos de Tupak Katari se dan en febrero de 1781, en la región de Sica Sica, provincia intermedia entre Oruro y La Paz. En pocos días fueron levantadas con gran violencia las ciudades y pequeños pueblos vecinos de Ayo Ayo, Calamarca, Caracato, Sapaaqui, Laja, Viacha, Pacajes, Yungas, Omasuyos y Larecaja, hasta terminar a mediados de marzo de 1781, cercando la ciudad de La Paz”, indica Céspedes Espinoza.

Túpac Katari intentó apoderarse de La Paz, pero al no lograrlo optó por sitiarla. Estableció su campamento en el lugar conocido como la Ceja de El Alto, donde, según algunas versiones de la historia, fue proclamado inca rey aymara, y lanzó una proclama de exterminio de todos los españoles y sus colaboradores.

El sitio de La Paz es considerado como uno de los mayores actos de rebeldía indígena en todo el continente a lo largo de la historia de 300 años de dominación. Fue por ello que cuando las tropas españolas lograron finalmente dominar al insurrecto, no hubo piedad con él.

Las reseñas acerca de los tormentos a los que fue sometido son otro de los puntos de comparación con Túpac Amarú. Ambos corrieron con la misma terrible suerte. Fueron torturados, obligados a presenciar la muerte de familiares y luego ejecutados mediante el atroz método de atar los brazos y las piernas a cuatro caballos y hacerlos correr para descuartizar al condenado.

Fue en los momentos previos a ese horrible final cuando Túpac Katari lanzó la proclama que, por cierto, con frecuencia es atribuida a Túpac Amarú, y que el prestigioso filósofo García Linera se encargó de recordar, una frase que suele llamarse la profecía porque fue un vaticinio que –en muchos sentidos- aún está por cumplirse: “Pueden matarme a mí, pero volveré hecho millones”.

Traicionado, para variar

Las descripciones indican que Túpac Katari era de mediana estatura, brazos y piernas robustas y ojos pequeños. Hablaba en aymara.
En ocasiones vestía a la usanza de los incas, con adornos dorados en rodillas, hombros y pecho, a pesar de que no era de ascendencia noble. Otras veces utilizaba ropas de estilo español.
Tras la derrota del movimiento del Cerco de La Paz, la esposa de Túpac Katari, Bartolina Sisa, fue apresada y ejecutada, lo mismo que su hermana, Gregoria Apaza. El líder fue traicionado por algunos de sus seguidores y capturado el 9 de noviembre de 1781.
Se le hizo un juicio sumario. El magistrado sentenció que “Ni al rey ni al estado conviene, quede semilla, o raza de éste o de todo Tupaj Amaru y Tupaj Katari por el mucho ruido e impresión que este maldito nombre ha hecho en los naturales… Porque de lo contrario, quedaría un fermento perpetuo…”
Antes de matarlo le cortaron la lengua. Luego de ser descuartizado por los caballos, los trozos de su cuerpo fueron exhibidos en picotas.
Dos años después de su muerte, nació Simón Bolívar, quien logró liberar al Alto Perú del yugo español. Ya en el siglo XXI llegó al poder el aymara Evo Morales, y bajo su gobierno, Túpac Katari y su esposa fueron declarados héroes nacionales de Bolivia. Hoy, tristemente, todo marcha en movimiento retrógrado. ¿Se cumplirá esta vez su profecía?


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