William Serafino: Nos debemos una industria cultural soberana

Roberto Malaver

Politólogo (UCV). Maestrante en Historia (CNH). Editor en jefe en @Mision_Verdad. Venezolano por nacimiento, chavista por decisión. Así dice en su Twitter.

—Si estamos diciendo la verdad, ¿por qué no hemos derrotado la guerra mediática?

—Contra Venezuela se ha impuesto un consenso mediático, fabricado por medios concentrados y corporativos que moldean la opinión pública internacional acorde a sus intereses. Visto así, creo que debemos entender que la verdad es una cuestión de poder, no un acto moral. Te coloco un ejemplo: la Unión Soviética derrotó a los nazis, una realidad histórica que es incontestable; sin embargo, hoy se considera como una “verdad” todo lo contrario, que Estados Unidos venció a Hitler con sus corpulentos soldados. El problema, considero, no es tanto la verdad como concepto abstracto, sino la estrategia (y el poder) para convertirla en dominante, pasar por crear una poderosa estructura mediática, una industria cultural de amplio espectro, que socave la “verdad” de los poderosos, al mismo tiempo que ofrezca una verdad confiable y alternativa con raíz venezolana. Solo así podremos batallar mejor esta guerra mediática contra los grandes medios. Nos debemos esa creación.

—Si la verdad es revolucionaria, como decía Lenin, ¿quiere decir entonces que la Revolución Bolivariana nunca miente?

—La Revolución Bolivariana es una construcción humana, no de seres divinos extraterrenales. En tanto construcción humana lleva consigo aspectos virtuosos y otros que no lo son. Por ende, conceptos como mentira y verdad pueden ser muy estáticos para valorar su comportamiento acorde a lo que decía Lenin. En cualquier caso, la Revolución Bolivariana es franca y sincera con sus propias contradicciones, retos y desafíos. A mí me resultan sospechosos quienes hacen de la “verdad revolucionaria” un asunto de supremacía moral, o una especie de termómetro para analizar un proceso tan vivo y dinámico como el nuestro, donde se compagina lo bueno, lo malo y lo feo que también nos configura como sociedad.

—¿En cuáles de estas guerras hemos venido triunfando? Guerra económica. Guerra mediática. Guerra psicológica.

—Creo que en la guerra mediática y psicológica. Aunque te decía anteriormente que nos debemos una industria cultural soberana, también es cierto que en redes sociales el chavismo ha aprendido a pelear, resistir y pasar a la ofensiva. En ese campo de batalla, donde se ejecutan a diario operaciones de propaganda y de guerra psicológica, el chavismo le ha arrebatado su histórica posición de dominio a la oposición. Pero te doy un ejemplo mucho más preciso: el bullying del chavismo con respecto a la “maldición de Lilian Tintori”, es una demostración de cómo el chavismo emplea el desgaste simbólico de su adversario combinando el tradicional chalequeo con la elegancia del análisis político.

—¿Estamos bien informados los venezolanos?

—Sí. Si comparas el conocimiento del venezolano con el del español, estadounidense o latinoamericano promedio, te darás cuenta de la distancia que existe. Yo mismo he podido contrastarlo conociendo extranjeros de distintas nacionalidades. En comparación con el venezolano, los gringos, españoles y latinoamericanos, con sus virtuosas excepciones, claro está, no saben prácticamente nada de los países cercanos, tampoco de sus autoridades, y muchísimo menos sobre su situación política o económica. Están perdidos. El venezolano sí sabe dónde está parado y eso se puede constatar en la calle: la gente debate, analiza y reflexiona sobre la represión en Chile, el golpe en Bolivia, el caos en Colombia y las presiones de Estados Unidos para apoderarse nuevamente del continente, como un asunto cotidiano.

—La revolución volvió comunicadores a abogados, políticos, economistas, bachilleres, técnicos, ingenieros, internacionalistas, psiquiatras, y pareciera que ahora nadie ocupa el puesto que debe ocupar, ¿no le parece?

—Todos somos comunicadores: todos hablamos, conversamos, nos expresamos e intentamos que nuestra opinión convenza al que no lo está. Creo que evitar la segmentación y la hiperespecialización, más que un problema, puede ser una vía para hacer más efectiva la comunicación.

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Retrato Hablado

“Un empeño tenaz de reunir ciencia y conocimiento para decirle a los pueblos hispanoamericanos de dónde venían, con cuáles recursos contaban y el panorama del mundo en que les tocaba afirmarse y actuar”. Así, de una manera concisa, Arturo Uslar Pietri definió la vida de Andrés Bello. Ese caraqueño universal que nació un día como hoy 29 de noviembre, en 1781. Y es cierto que sus principales preocupaciones fueron el conocimiento, la ciencia y su divulgación. Fue escritor y poeta. Tuvo la oportunidad de conocer a Alexander von Humboldt, aquí en Caracas, en 1800, con quien compartió su interés por la ciencia. También fue maestro de Simón Bolívar. Y más adelante lo acompañó a Londres junto con Luis López Méndez, fueron a solicitar ayuda para defender y apoyar las luchas independentistas de Venezuela. Allí conoció a Francisco de Miranda, quien le ofreció su casa y su biblioteca. En Londres estuvo hasta el 14 de febrero de 1829, cuando partió hacia Chile, para quedarse definitivamente. Y fue en Chile donde dejó prácticamente todo su talento. Sus poemas más conocidos son: Alocución a la poesía y Silva a la agricultura de la zona tórrida. El Congreso de Chile le otorga la nacionalidad. Y en 1843 asume el rectorado de la universidad de Chile. Su Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos es considerada uno de los más importantes aportes a la gramática española.

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El Viernes de Lira


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